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RSS | ed. impresa | Regístrate | Viernes, 10 febrero 2012

C. Valenciana

carlos osoro arzobispo electo de valencia

El nuevo prelado apuesta por el diálogo con todos y confía en encontrar una buena acogida en Valencia

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El obispo coge el móvil y busca en su lista de contactos. Por la C de Catedral. Tiene miedo de que la misa de doce comience sin él. Alguien descuelga al otro lado: "Voy yo a decir la misa, pero, si tardo unos minutos, me esperáis". Y cuelga el mismo teléfono de última generación que, desde el jueves, día del anuncio de su nombramiento como arzobispo de Valencia, recibe una media de 500 avisos diarios entre mensajes y llamadas. El móvil que no cesa es el símbolo de que "don Carlos acaba de pasar a jugar en la Champions" de las diócesis españolas, explica uno de sus colaboradores más cercanos, porque "Roma mira con lupa lo que pasa en Madrid, Cataluña y el País Vasco, pero Valencia es mucha Valencia, ojo". Y hasta su ascenso a "la gran Valencia", el próximo 18 de abril, Carlos Osoro, aún al frente de la Iglesia asturiana, no está dispuesto a renunciar a la actividad febril que ha mantenido en su inusualmente breve gobierno diocesano: siete años en los que ha recorrido 60.000 kilómetros. Concede quince minutos de entrevista, café y pastas. Justo hasta que las campanas de la Catedral anuncian las doce.


-Recorre la diócesis la broma de que acaba de cambiar de coche porque el viejo no aguantaba su ritmo.
-Trabajo bastante, pero sí lo resistía, sí.


-¿Esa obsesión por estar en todas partes provoca superficialidad?
-Eso es lo que dicen algunos.


-En concreto, su antecesor en el cargo, Gabino Díaz Merchán.
-Dios me ha dado capacidad para ver las cosas con profundidad también. El afán de estar en todas partes es el afán de que Jesucristo esté en todas partes. Por mi manera de ser y por tareas anteriores a las de ser obispo, yo era un hombre de despacho. He tenido que cambiar mi vida y darle un giro de 360 grados. Me pasó como al apóstol Pablo, que era un hombre dedicado al estudio y después se convirtió en un hombre itinerante.


-Dicen que ha trabajado día y noche. ¿Tanta tarea había pendiente?
-Dedico mucho tiempo a estar con la gente, a salir, ver, observar. Y eso me lleva a tener que hacer el estudio y la reflexión a horas en las que la gente está descansando.


-¿De qué se arrepiente si hace acto de contrición?
-De todo aquello que no me haya dado la imagen del buen pastor, que se entrega, que promueve el vivir en el amor de nuestro Señor Jesucristo. De todas esas cosas que seguro ha habido, porque soy un pecador y necesito arrepentirme.


-¿Puede precisar?
-Si hablamos de decisiones que haya tomado, toda decisión de gobierno es discutible, pero fueron las que yo, en conciencia, creía que tenía que tomar.


-En su despedida de sus "hijos de Asturias" pidió perdón con insistencia. ¿Al sector díscolo del clero?
-A todos los que se hayan sentido dañados.


-¿Esperaba tanta oposición cuando llegó de Orense?
-Son muy poquitos. La oposición es poquita. Si treinta sacerdotes son una oposición, bendito sea Dios. Me apunto a toda oposición. Me esperaba otra cosa distinta.


-¿Una Asturias más guerrera?
-Es posible que sí. Venía con más reticencias, pero he descubierto a una región dialogante en la que personas que piensan de modo distintos son capaces de sentarse a una mesa y charlar. Eso me ha impactado porque es parte del mensaje del Evangelio.


-Usted mismo ha mantenido buenas relaciones con el poder, independientemente de su signo.
-Es una de las enseñanzas más importantes que me llevo de Asturias, parte de ese corazón grandón de los asturianos.


-Por sus dimensiones, Valencia no parece, a priori, una plaza fácil.
-De Valencia espero encontrarme con un pueblo que ansía conocer a Jesucristo. Y, de mí, que el Señor me de la entrega y la fuerza suficientes para mostrar su rostro en medio de aquellas gentes.


-Sus detractores destacan su personalismo, que le cuesta delegar. Y allí tendrá tres auxiliares.
-No lo admito. Si delegar es desentenderse de las cosas, no delego. Yo quiero saberlas. Hay muestras suficientes de que he delegado porque era imposible llegar a todos los sitios, pero también he querido saber las cosas, porque un hombre de gobierno debe saberlas.


-Su traslado es el primero de una reestructuración a gran escala de las diócesis españolas. ¿Corre peligro la estabilidad de la Iglesia con tantos cambios en poco tiempo?
-No. La estabilidad la da la sucesión apostólica y esa permanece. El Santo Padre sabe bien lo que hace. La Iglesia ha sido muy sabia siempre. No es ese el peligro.


-Sus críticas al aborto y matrimonio homosexual le han valido ser encuadrado en el ala dura de la cúpula eclesiástica, la que alerta contra la ofensiva laicista del Ejecutivo Zapatero. ¿Es ese el peligro?
-La ola laicista es una realidad presente y operante. Por otra parte, si por ala dura se entiende que defiendo el matrimonio y que, sin padre y madre no hay vida, que defiende las relaciones según el designio de Dios, sí lo soy, pero ¿qué esperaban de un obispo?, ¿qué se supone que tendría que decir un obispo?


-El Gobierno reformará la ley de Libertad Religiosa pero mantiene intacta la financiación de la Iglesia.
-Creo que esa reforma no se va a llevar a cabo.


-Ratzinger recibe a Kiko Argüello y se lleva a Antonio Cañizares a Roma. ¿Se rearma el Vaticano contra el laicismo?
-No. Cañizares es un obispo excepcional, con una cabeza excepcional. Es normal que el Santo Padre, cuando quiere colaboradores, busque cabezas excepcionales. Esa es una de ellas, con la que me honro de tener una gran amistad.


-Recogió una Iglesia en crisis de vocaciones y la deja en crisis.
-Cogí una Iglesia con veinte seminaristas y la dejo con veinte.
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