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arsénico por diversión

11.01.09 -

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A lo más que llegó el compositor peruano Mario Cavagnaro fue a reclamar un rosario. Era la forma de romper con la pareja a comienzos del siglo pasado cuando el honor y el orgullo se imponían al pragmatismo de los gananciales en un matrimonio. Por eso Cavagnaro incluyó esa célebre frase en su canción: "Devuélveme el rosario de mi madre y quédate con todo lo demás".

Esa referencia al rosario siempre me llamó la atención pues tiene una carga dramática difícilmente superable con una retahíla de referencias románticas. Resumir la relación con dos elementos sagrados, el rosario y la madre, es sublime. Quien lo canta puede prescindir de todo pero jamás consentiría que el traidor se quedara con un objeto aparentemente carente de valor pero lleno de carga sentimental que toca lo más profundo del alma: la fe y el amor filial.

El rosario, así, se convierte en el símbolo de lo intangible que puede resultar impuro en manos de quien nos quiere mal.

De aquellos tiempos en los que la honra familiar valía más que todo, hemos pasado al reparto de bienes con calculadora, escuadra y cartabón en las guerras de los divorcios y, ahora, a la reclamación hasta del amor otorgado durante años cuantificado en dólares.

Es el caso de un médico que ha reclamado a su ex mujer el riñón que le donó cuando ella estaba enferma. El gesto de amor ha sido tasado por sus abogados en un millón y medio de dólares. Como es lógico el hombre no exige que le devuelva el órgano pues resultaría no solamente vil sino cruel. Se "conforma" al parecer con que le dé, a cambio, el dinero que dice valer.

Eso significa, por tanto, que el marido pretende vender ahora su gesto de amor que fue -o, al menos, debería haber sido- hecho desde la más absoluta gratuidad y desprendimiento, esto es, sin esperar nada a cambio. Toda donación de órganos es así y además es una exigencia legal que lo sea.

Apela el marido, desde el despecho, a la presunta infidelidad de la mujer pero ni siquiera en ese caso puede devolverse el amor dado por mucho que Cavagnaro lo anticipara en su canción del "rosario": "Devuélveme mi amor para matarlo, devuélveme el cariño que te di, tú no eres quien merece conservarlo, tú ya no vales nada para mí".
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