Con esto se escribía un nuevo capítulo en el culebrón de esta localidad de la Ribera Alta que tenía como protagonista a Tomás Rivera.
En enero de 2007, una sentencia del Juzgado de lo Penal condenaba al alcalde de Benimuslem, Tomás Rivera, a una multa económica y un año de inhabilitación por un delito de desobediencia.
Un año después, el 29 de febrero de 2008, se celebraba un pleno en el que el equipo de gobierno, con el PP al frente, decidía que el alcalde cumpliría la sanción a partir del 1 de enero de 2010. Sin embargo, la justicia le pidió a Rivera que adelantase los plazos y cumpliera antes esa resolución. Un mes después, la historia continuaba. Se anunció que en abril el pleno decidiría cuándo cumpliría Rivera el año de inhabilitación.
Y finalmente, en mayor de este mismo año, Rivera dejó su cargo en manos de su predecesor, Vicente Perpiñá.
Aún así, no todo ha acabado. En su toma de posesión, Perpiñá dejó claro que su compañero regresará a la alcaldía en mayo de 2009, tras cumplir el año de inhabilitación.







