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Vida y Ocio

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Ladrón de Lunas 04, elaborado por un joven enólogo y con una producción limitada, uno de los mejores de la Comunitat
27.12.08 -

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Un vino a la luz de la luna
Presentación del vino, del que sólo se comercializarán unas 5.000 botellas.
Por regla general, cuando se inicia una competición deportiva, entre los que parten como favoritos siempre se suele incluir uno que nunca figura en las quinielas para optar al premio. Es lo que se suele denominar equipo o deportista revelación. Este pensamiento también se suele aplicar en los premios cinematográficos -Oscar o Goya-, en los premios literarios -Planeta o Cervantes- e, incluso, en los Premios Nobel. En todos ellos, además de los favoritos se suelen colocar varios que también optan al galardón y a los que se les ha venido en llamar los "tapados".

El mundo del vino también suele deparar agradables sorpresas. Además de los magníficos vinos que elaboraran las bodegas consolidadas y con historia, en muchas añadas hay vinos que encandilan y que suelen pertenecer a pequeñas bodegas cuya producción es bastante limitada.

Ese ha sido este año el caso de Ladrón de Lunas 04, un vino elaborado por un joven aunque experto enólogo, Fernando Martínez, y producido por una nueva bodega, Luna de Catay, con una producción limitada, pues de él, apenas se comercializarán unas 5.000 botellas.

Probablemente es en el inicio de la filosofía de la bodega de donde nazca buena parte de la calidad de este vino. Esta se inició el 21 de marzo de 2004, cuando cinco bodegueros decidieron aportar las mejores uvas de la vendimia de esa cosecha para elaborar un nuevo vino. La idea la redondearon con algo muy particular: cada bodeguero vendimiaría sus uvas solamente con la luz de la luna, para que el grano conservase toda su frescura y calidad.

El vino se ha elaborado con las variedades tempranillo -40%-, bobal -30%- y cabernet sauvignon -30%-. La vinificación se realizó en depósitos de acero inoxidable, a una temperatura controlable de 28 grados centígrados. La fermentación alcohólica duró diez días y la manoláctica se realizó en las barricas de roble. Después pasó 20 meses en barricas de roble francés y americano y la redondez la consiguió en los 24 meses que permaneció en botella antes de ver la luz y comenzar a comercializarse.

El resultado ha sido un vino de color cereza picota, con reflejos rubís en los ribetes. En nariz desarrolla unos aromas muy minerales y frutos de bosque -moras, arándanos y grosellas-, que con el paso de tiempo y la oxigenación se convierten hacia café y notas tabaqueras. En boca se presenta potente, muy goloso, sabroso y persistente. Ideal para las carnes asadas, plancheadas o a la brasa, con guisos como pudieran ser los gazpachos, morteruelos o el popular mojete. También tendría buena compañía con pescados a la sal.

Se trata de un vino en el que se ha cuidado desde la elaboración hasta el acabado y presentación, pues la botella que se ha utilizado es cuadrangular oblonda negra, la cápsula es de estaño y el corcho es natural de flor.

Orgullosos pueden estar sus propietarios, pues han conseguido trasmitir al vino toda la pasión que generaron desde el inicio de su elaboración y que se mantuvo hasta la finalización. Ilusión, que les ha reportado ofrecer, sin duda, uno de los mejores vinos del año de la Comunitat Valenciana.

gastronomia@lasprovincias.es
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