
De nuevo estoy sorprendida ante una obra, ante los trabajos de Lola Calzada; caprichosa, espontánea, dinámica, vital y por consecuencia lírica, así es ella, o eso es lo que al enfrentarme a sus pinturas a mí me lo parece, es lo que me transmite. El collage, el medio que le permite expresarse abiertamente, un puzle, que hay que saber leer, donde cada pieza ocupa su lugar, "la estructura de nada sirve, si no se inscribe en un indispensable e ignorado orden interior". Observa el día a día, lee las noticias, analiza y siente, tiene la necesidad de expresarse como ella sólo sabe hacerlo, con una imaginería multirreferencial, envolvente, cercana a todos nosotros.
Comunicarnos; sus siluetas llenan, llevan el peso, nos hablan, con maestría en el dibujo, sencillas, de trazos simples, sutiles, dentro de un cosmos cargado de referencias, del lenguaje mediático, de la publicidad con la que todos nos identificamos, que nos acerca al mundo de hoy, y nos hace sentirnos modernos. Se entrecruzan con frases, palabras cargadas de fuerza, verdades; "con el tiempo las cosas se ven diferentes". Hay que saber leer, aprender a leer su obra, expiaciones de verdad; anécdotas, lienzos que dialogan, critican y expresan, lo que ella, Lola Calzada cree, lo que no quiere callar, gritar, lo que quiere que se oiga.
Colores frescos y transparentes, una maravilla para los ojos, frondosos y misteriosos bosques en los que perdernos, vanguardistas arquitecturas, la serenidad inquietante se adueña de nosotros. "Antes de todo propósito en Arte, ¡sorprendámonos!".







