El montaje, que se estrena mañana (20 horas) en el Reina Sofía, tiene especial significado para el intérprete madrileño. Iphigiéne supone el reencuentro de Domingo con la ópera barroca tras participar, en 1969, en El Mesías de Händel y, recientemente, en Taberlano, también de Händel, en el Teatro Real de Madrid.
La ópera, una coproducción del Metropolitan de Nueva York y la Seattle Opera de Washington, ya ha sido representada por Domingo en el Metropolitan. Ahora visita el coliseo valenciano, donde se representará el 3, 9, 13, 15 y 18 de diciembre.
Iphigénie es una muestra más de la herencia de Gluck a la música lírica y, según el director Fournillier, "el eslabón que hace falta para comprender la evolución de la música lírica". El compositor revolucionó la ópera en francés. Pese a ser oriundo de Alemania, Gluck se trasladó a París, donde emprendió una lucha con los seguidores del estilo italianizante de la ópera (Puccini...). Sus premisas, que podrán comprobarse en Iphigénie, pasan por restar protagonismo a los solistas y dárselo al ballet, y al texto y los coros más que a la música. Su huella, según Domingo, se aprecia en obras como el Domeneo de Mozart o compases de la 9ª Sinfonía de Beethoven, aunque también Gluck bebió de maestros como Bach.
El tenor madrileño consideró "interesantísimo" el repertorio barroco, pese a ser un eslabón "desconocido" y "muchas veces no valorado". El porqué. En su opinión, muchas veces estas producciones no gozan del favor del público y, con ello, dejan de ser interesantes para los grandes teatros. El maestro Fournillier, quien también dirigió a Domingo en Cyrano de Bergerac en el coliseo valenciano, apuntó una razón más: hay pocos cantantes con la calidad vocal para interpretarlas.
Pero al intérprete que integró Los tres tenores junto al desaparecido Pavarotti y al catalán Josep Carreras no le asustan los retos; es más, los busca. "En mi carrera he tenido siempre gran curiosidad por obras que no se han hecho; he buscado cosas que pudieran aportar algo nuevo a los repertorios de las óperas conocidas", apuntó ayer.
En su camino se cruzó Iphigénie, como antes lo hicieran otras composiciones como L'Africaine, de Giacomo Meyerbeer, o El Cid, de Jules Massenet, para darle la satisfacción "de encontrar algo nuevo en lo viejo", y comprobar que estas obras se adaptan a las posibilidades de un tenor "en el final de su carrera".
Con 67 años y más de 120 papeles interpretados a sus espaldas, al intérprete le queda todavía mucho recorrido. Junto a Helga Schmidt busca un hueco en su apretada agenda profesional hasta 2013 ó 2014 para traerlo de nuevo al Reina Sofía. Al tenor, quien confesó maravillarse "cada día de que aún puedo cantar", le produce cierto vértigo hablar de proyectos a largo plazo. "Ya veremos lo que pasa..., pero los planes hay que hacerlos".







