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21.11.08 -

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Los cirujanos que se dedican a las operaciones de estética alertan a la sociedad del aumento de operaciones de menores de edad. Los anuncios publicitarios de las clínicas de estética bombardean a la mujer -sobre todo, aunque el hombre empieza a aparecer- de que el cuerpo bonito y bien preparado es elemento decisivo en el triunfo social. Las televisiones -casi todas, sin apenas excepción- llenan los hogares de cuerpos femeninos esculpidos, de belleza bien cuidada para el triunfo. Y otros muchos ejemplos. Y en estos momentos las autoridades se rasgan las vestiduras ante el concurso de una discoteca que, para promocionarse, rifa una operación de pechos a una chica joven. Estamos ante demasiada hipocresía.

Me parece bien que las autoridades inicien expedientes ante tal publicidad, y que se alce la voz de la protesta ante la manipulación de la mujer. Esta bien, pero antes, mucho antes, deberían haberse alzado esas voces y las inspecciones ante tantos desmanes publicitarios y de consumo, desmanes que utilizan a la mujer como objeto. Y eso, se piense lo que se piense, es violencia de género, además de discriminación, e incluso de atentado a la dignidad de la mujer.

Los padres -no me cansaré de repetir que el deber de educación de los hijos es esencial- también son responsables de haber llegado a una situación esperpéntica: acudir a una discoteca para agrandar los pechos. ¿Responsables? Permitir que la moda ocupe el centro de la atención de los y las adolescentes, dejando a un lado el estudio, la personalidad, el esfuerzo... de esos polvos, estos lodos.

Y las autoridades deben ejercer su responsabilidad en todo momento, no sólo ante un "clamoroso" anuncio. El Ministerio de Sanidad inicia un expediente; el mismo Ministerio que anda preocupado por la eutanasia y la ampliación del aborto... ¿Quién se preocupa del buen funcionamiento de los numerosos observatorios oficiales de control de la publicidad?

Me repugna -tal y como suena- la publicad de una discoteca para conseguir público y negocio. Pero me preocupa, y mucho, la hipocresía instalada en la sociedad.
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