Su presidenta, Rosa Martí, reconoció que hoy por hoy la casa no está adecuada para personas con alto grado de discapacidad, puesto que se necesita una inversión que es difícil comprometer hasta que se celebre el juicio contra su propietario y quede claro si la cesión es para siempre.
Hoy en día en el Campell se imparten una serie de cursos ocupacionales a los que "nuestros hijos no pueden ir". De hecho, desde ADIMA afirman que de los 8 o 10 jóvenes que salen del colegio Raquel Payá cada año "solo dos están en condiciones de ir a un centro ocupacional".
Para el grueso de este colectivo la única solución es un Centro de Día "que la Marina Alta se merece" con terapias adecuadas para su desarrollo personal y atenciones constantes. Esa es la reivindicación por la que ADIMA lucha desde su fundación, en 1994. Al colectivo les choca que mientras sí se invierte en estas dotaciones para personas mayores "no se haga lo mismo para el discapacitado".
Martí hizo ayer un repaso de estos 15 años en los que, aconsejados por un ex conseller, llegaron a constituir una Fundación comarcal, con participación económica de los Ayuntamientos. "Después de tanto trabajo nos dijeron que nada y, realmente estamos casi como al principio y ya no sabemos qué hacer".
Tampoco la reciente Ley de Dependencia ha dado un respiro a estas familias. Una de las madres, Rosa Ramón, admitió que solicitó este derecho para su hija hace más de un año y medio. "En junio me valoraron el caso como de los más graves pero todavía no he recibido ninguna ayuda".







