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RSS | ed. impresa | Regístrate | Lunes, 28 julio 2014

C. Valenciana

Tema del día

Los clientes se deshacen de piezas de valor para obtener dinero en efectivoy poder pagar la hipoteca, las letras del coche o los gastos domésticos

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Un padre, su mujer y su bebé pasean por el centro de Valencia. Imagen de la felicidad. El hombre entra con el bebé en un local. La mujer permanece fuera. Parece algo nerviosa, inquieta. La mirada del padre confluye con la del dependiente, un chaval joven. Le quita los pendientes al pequeño y los pone sobre el mostrador. "Lo que sea", logra articular entre la desesperación. Desde el otro lado le entregan 10 ó 12 euros. "No recuerdo bien la cantidad. Apenas pesaban 0,8 gramos. No valían más", revela a LAS PROVINCIAS el empleado de una tienda dedicada a la compra de oro en el centro de la ciudad.

La imagen de angustia se traslada a un billete. Son tiempos de miedos, incertidumbres y ansiedades. De la crisis.

Nuevo intento del padre. Ahora, con la medalla del bebé. "También quería venderla, pero no era de oro", recuerdan en el establecimiento. Padre e hijo salen del local. El primero, con una estocada en el orgullo. El dependiente les observa. Directos a una farmacia. La compra: comida para el niño.

¿Extremos de una realidad? Puede. Pero lo excepcional es cada vez más frecuente. Así lo ha comprobado LAS PROVINCIAS, que ha recorrido estos días diversos establecimientos dedicados a estos negocios. Los dramas se derraman en las aceras. En los ascensores, la conversación banal del tiempo ha caducado. Ahora, entre piso y piso, se comenta la crisis, la falta de trabajo y que ahora duerme más gente en el cajero de la esquina.

Marcelo Tobar quizá nunca vio la serie Aquellos maravillosos años, pero el título se puede aplicar a su vida cuando llegó a España desde Ecuador allá por el año 2000. Tiempo de trabajo y oportunidades. Ola de frío polar, dicen en las noticias. Pero él ya sufre su propio temporal. Acaba de salir del Monte de Piedad para empeñar sus joyas. "Venía con un par de cadenas de oro y pulseras... Me da igual lo que me den, la verdad. Me hace falta para pagar la hipoteca y la letra del coche".


Aumento de clientes
Bancaja admite que el número de clientes de esta entidad se ha incrementado en un 20% en los últimos meses. Otras fuentes del sector aseguran que mientras antes se entregaban una veintena de turnos diarios, "ahora llegan casi al centenar". No sólo la pobreza ha recalado aquí. La Casa de la Caridad agotó en junio todo su presupuesto anual destinado a Servicios Sociales. Otro dato, las raciones de comida para españoles pasaron del 26% al 60% en un año.

Las deudas mortifican. "Antes trabajaba como montador de muebles, pero me quedé sin trabajo. Sólo aguantaron el jefe y alguno más...", prosigue Marcelo. Tuvo que buscarse la vida y de momento no la encuentra. Empeñar las joyas - "vendré mañana, que hoy hay mucha gente"- es la solución que le dio un amigo.

El reloj avanza 15 minutos. Ahora la desesperación se posa sobre una madre y su hija que salen del banco agarradas del brazo. Caminan despacio, a otro ritmo. "Lo poco que teníamos lo acabamos de empeñar", lamenta la madre. Se trata de unas pulseritas y unos pendientes. "¿Pero qué puedo hacer? Mi hija sin trabajo y mi hijo lo mismo", se pregunta. "El dinero lo necesitamos para comer, eh!", aclara. La mujer admite que debe el recibo del agua. "Es que no puedo pagarlo. Y antes tengo que comer".

Su hija toma la palabra. Más juventud, pero igual dramatismo. "Mira, mañana tengo que ir al Juzgado. Debo más de 1.000 euros a un supermercado y 1.200 a un banco". Se marchan cogidas.

La crisis toca a todos, pero con diferentes necesidades. Desde hace dos meses, los españoles han comenzado a sumarse a los inmigrantes a la hora de deshacerse del oro, explican desde otro establecimiento dedicado a la compra de oro que prefiere no ser identificado. "Aquí han venido ya incluso arquitectos e ingenieros". "Hasta los típico 'pijos'", que posiblemente nunca imaginaron tan doloroso trago. "Hace poco vino una joven. Quería vender su reloj decorado de diamantes. Estaba valorado en 12.000 euros. No se llegó a llevar ni 2.000".

Se trata de personas que hicieron dinero fácil y, sobre todo, rápido. Pero los caprichos forman ya parte del pasado. "Ahora realmente se vende muy poco, si antes hacías diez (ventas) a la semana ahora son dos", pone como ejemplo. "Casi todo son compras", añaden desde el local.

En el exterior de Monte Piedad son pocos los que hablan. Uno de cada cinco a los que se pregunta. Nombre ni uno. "¿Empeñar joyas? No, no, no he venido por nada de eso", responden sin detenerse. Otros esquivan las preguntas. "Tengo mucha prisa". Algunos ni siquiera contestan. Hablar de los dramas siempre cuesta. La crisis se vive mejor desde el anonimato.


"Está mal la cosa"
Un valenciano espera sentado en el banco que está junto al establecimiento. "Buff, pues claro que está mal la cosa", resopla. "He venido con unas cadenas de oro porque ahora me he quedado sin trabajo". Antes se ganaba su sueldo en un almacén de suministro, pero recortaron plantilla. Y él fue parte del recorte. "Ahora no trabajo en nada, y el dinero no me llega. Lo necesito para pagar el alquiler". Entra de nuevo en el establecimiento y se pierde entre la multitud. Más tarde sale a hablar por el móvil. Nervioso, vuelve a entrar.

Si algo caracteriza a la mayoría de los que acuden a estos establecimientos son los nervios. La cara de que las cosas no marchan bien o seguro que hubo un tiempo en el que marcharon mejor. "La verdad es que no recuerdo una etapa tan dura como esta", comenta un cliente.

Sin embargo, siempre hay excepciones. Una luz en el camino. Una puerta de salida. "No, no, por suerte, yo he venido a recoger lo que empeñé hace tiempo", contesta mientras se coloca un sello en un dedo de la mano izquierda. "Me pagaron 1.050 euros en su día y ahora lo he recuperado por 1.228 euros". Su profesión de soldador dice que no se ha visto tan afectada como otras por la crisis. "Mis etapas malas han sido más por mi cabeza".

La publicidad de casas que compran oro ha salido ya a la calle. A la entrada del Monte de Piedad (Obispo Amigó, 1) un joven reparte unos folletos de una conocida empresa. A pocos metros del establecimiento bancario se encuentra una oficina. "Claro que ahora viene mucha más gente. El aumento empezó a notarse ya un poco antes del verano".

La ventaja de estos establecimientos es que pueden ofrecer algo más de dinero que en el Monte de Piedad. ¿El inconveniente? Que ya no se puede recuperar la pieza. Se entrega el dinero y se pierde la joya.

También el precio del oro está sometido a la especulación, aclaran desde otro establecimiento. "Mira, de 24.000 euros el kilo antes de la noticia del fondo del Gobierno para los bancos, ahora ha pasado a 17.000".

Esto lógicamente también afecta a quienes quieren vender sus joyas, que reciben menos dinero. "Imagínate quien compró a 24.000", cuenta. Pero el valor refugio del oro se mantiene entre la gente y el análisis a largo plazo concede la razón. La cotización se elevó un 30% cada año desde 2003 y en el primer trimestre de 2008 un 22%.

arallo@lasprovincias.es
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