
Mientras contemplaba los recuerdos, a la vez familiares y públicos, Gloria asegura que apenas guarda recuerdos de su abuelo en vida. Tenía tres o cuatro años cuando falleció, el 28 de enero de 1928 en Menton. Tal y como dejó dicho, no quería descansar en Valencia hasta que su tierra fuera libre, algo que sus correligionarios juzgaron cumplido con la proclamación de la II República, en 1931. No obstante, aún tuvieron que pasar dos años más.
Los recuerdos de Gloria se unen a los de Emilio Muñoz Blasco-Ibáñez, biznieto del escritor, quien reconoció estar emocionado por que Valencia vuelva a mostrar el afecto con el que hace 75 años agasajó a su antepasado. Hoy, sus restos resposan en el cementerio de la ciudad, su flor más preciada.







