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Cientos de alumnos de Xàbia y Llíria usan el aula de estudio para comer
26.10.08 -
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Lápiz y cuchara sin salir de clase
Alumnos del colegio público Graüll de Xàbia en el pequeño comedor del centro por el que pasan 250 niños al día.
Multiusos. Palabra que se puso de moda años atrás para definir los nuevos edificios municipales y que sigue estando en boga. Pabellones, auditorios y estadios que cuestan muchos miles de euros pero que, una vez inaugurados, sirven para todo. Este mismo concepto parece estar imponiéndose en los colegios de la Comunitat. Primero el Graüll de Xàbia, ahora en el Sant Miquel de Llíria. El caso es que los alumnos comen en las mismas aulas donde cursan sus estudios.

La comunidad educativa del Graüll exprime un colegio vetusto, a la espera de que la Conselleria de Educación le construya uno nuevo. Los docentes han echado mano de la imaginación, hasta el punto de utilizar los pasillos como biblioteca. Este centro tiene algo en común con otro que está a muchos kilómetros de distancia, en la cabecera de Camp de Túria.

Ambos han implantado en este inicio de curso el último grito en las instalaciones educativas: el aula multiusos. La estancia donde los alumnos aprenden a sumar y leer se convierte a mediodía en el comedor. En el caso de Sant Miquel de Llíria son alrededor de 160 los alumnos de Infantil los que cada día se alimentan en clase.

Comparando los problemas de Sant Miquel y Graüll parece que los problemas de uno y otro colegio están calcados. Barracones, turnos para comer y soluciones drásticas. De las situaciones que se han generado en Llíria y Xàbia durante esta semana se desprende que alguien no ha previsto el crecimiento de la demanda educativa en la Comunitat Valenciana.

En plena crisis, parece que al departamento de Educación de la Generalitat se le acumula el trabajo. Si bien dar de comer a niños en aulas en las que hay material como pegamento, tiza o rotuladores no es lo más ortodoxo, los docentes de ambos centros se han visto entre la espada y la pared.

Era eso o enviar, otra coincidencia, a alrededor de 150 alumnos a comer fuera del colegio, con las consecuentes quejas de padres trabajadores que eso iba a generar. Tanto en Llíria como en Xàbia han optado someter algunas de sus aulas a una rápida metamorfosis diaria que implica trabajo extra por su parte.


Sin solución
Los pasillos del Sant Miquel se convierten en un peregrinaje de bandejas para convertir el lugar donde los niños aprenden en lo que parece un improvisado comedor. El problema es que, según denunciaron desde Iniciativa per Llíria, parece que esto no tiene demasiados visos de solución.

El colegio Sant Miquel ya cuenta con barracones y ha pasado de tener dos líneas educativas a tres. "Las plazas de comedor van en aumento cada curso sin que la Conselleria de Educación dé soluciones", señaló la portavoz de Iniciativa per Llíria, Inma Riera.
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