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Jaime recibió de su esposa el órgano que necesitaba y ahora los dos llevan una vida normal con "enorme satisfacción"
19.10.08 -

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"No dudé ni un momento en donar el riñón a mi marido"
Jani Benevet y Jaime Bou, en su casa de Paterna.
Jaime Bou es un vecino de Paterna que en noviembre de 2006 se sometió a un trasplante de riñón de vivo gracias a la generosidad de su esposa, Jani Benavent. Esta mujer no lo pensó un momento. Su marido necesitaba un riñón y ella tenía dos.

En aquella fecha todavía no se realizaba la extracción de órganos por laparoscopia, pero tampoco eso fue obstáculo para seguir adelante en una empresa que ambos aseguran que les ha llenado de satisfacción e inmensa alegría.

Han pasado dos años y Jaime asegura que se encuentra "extraordinariamente bien. Soy otra persona, me tomé el trasplante con mucha responsabilidad, y la salud de mi señora está igual que antes de la extracción del riñón y, además con una satisfacción enorme".

Jani recuerda cómo se planteó que para el trasplante que necesitaba su marido ella podía ser la donante. "No dudé un momento en donar mi riñón. Me vino a la mente esa posibilidad, lo consulté con el médico y tuvimos mucha suerte con la compatibilidad que permitía realizar la intervención".

Aquel paso la lleva a poder afirmar ahora que personificar una acción tan altruista "es algo muy especial". Es un hecho que le está permitiendo que desde "entonces hasta ahora estoy viviendo de una forma distinta cada día. Han sido los días más especiales de mi vida por la satisfacción que me da".


"No me importa una cicatriz"
Si en noviembre de 2006 en La Fe, donde se llevó a cabo la intervención, ya se hubieran realizado extracciones de riñón por laparoscopia la intervención de Jani habría sido más sencilla. Pero eso a ella tampoco le preocupa. "Ante una cosa tan importante, no me importaba tener una cicatriz más grande de las que quedan con las intervenciones con laparoscopia".

Jaime es muy consciente de la grandeza de la acción de su esposa y reconoce que ante ello siente "una gran responsabilidad. Esto yo lo tengo que cuidar mucho por respeto a mi mismo y a mi mujer. Tengo que luchar para que en ningún momento mi situación, mi actitud o mis circunstancias puedan afectar al riñón que me donó Jani".

Han pasado dos años. Este matrimonio se encuentra bien. Jaime asegura que tiene 62 años, "'pero el espíritu de 45, me siento joven". El trasplante le permite llevar una vida "totalmente normal". Hasta tal punto es así que asegura que después de todo creó una empresa en la que invierte su actividad además de disfrutar de los fines de semana, puentes y festivos de viajes con Jani.

Tienen claro que recomendarían a cualquier familia en situación semejante que siga sus mismos pasos. "Pienso que no deben dudar de la donación y no sólo porque salvan a un ser querido, también porque ellos reciben más de lo que dan. Lo sé por mi mujer. Recogerán con creces esa acción tan generosa", apunta Jaime.

Este hombre a quien el trasplante cambió su vida se siente "muy agradecido" a los médicos y también a la "asociación Ascer Turia de trasplantados de riñón. Nos ayudaron mucho".
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