
Si desde estas líneas hacemos referencia a esta enfermedad es porque es uno de los principales factores de riesgo de obstrucción de las arterias, los vasos por los que llega la sangre a los distintos órganos y tejidos del cuerpo. La diabetes se relaciona con la enfermedad de las arterias del corazón, del cerebro y de otros órganos y también con la afectación de las extremidades. Los pacientes con diabetes tienen entre 4 y 6 veces más posibilidades de padecer aterosclerosis que la población general y el desarrollo de la misma no sólo es más rápido sino que también aparece de forma más precoz. A esto hay que sumar además su frecuente asociación al resto de factores de riesgo cardiovascular, como son la hipertensión, el aumento de colesterol en sangre, la obesidad...
La diabetes favorece mediante la afectación de los vasos arteriales grandes y medianos la obstrucción de las arterias provocando así la disminución del aporte sanguíneo a los distintos órganos y tejidos. Así favorece la aparición de infartos de miocardio, ictus cerebrales, y muy frecuentemente y merced a la afectación de las extremidades inferiores, dolor en las piernas al caminar o en casos más severos úlceras y gangrena. En los diabéticos es muy típica la afectación de las arterias pequeñas de las piernas, lo que condiciona muchas veces consecuencias graves en las mismas y en los pies, motivando la amputación de dedos o de toda la extremidad. Todo esto, junto con la intensa calcificación de las arterias, que condiciona dificultad en el tratamiento quirúrgico, hace que la afectación vascular sea responsable de la gran mayoría de fallecimientos en estos pacientes.
Los signos de alarma en los pacientes diabéticos deben ser el dolor en las piernas, especialmente cuando caminan o hacen ejercicio, y que desaparece de forma característica tras unos minutos de reposo, el entumecimiento, el hormigueo o el enfriamiento de las piernas o los pies. También la aparición de úlceras o infecciones en éstos de forma frecuente o sin tendencia a la curación. El cuidado de los pies debe ser por tanto muy meticuloso para evitar roces y pequeñas heridas que se puedan infectar. Para ello hay que revisar los pies diariamente, realizar un lavado en agua templada y un secado cuidadoso de los mismos, además de usar un calzado cómodo.
Cuando aparecen estos síntomas en la consulta con el cirujano vascular se establecerá el diagnóstico y se plantearán las distintas opciones de tratamiento, ya sea médico o quirúrgico.
Álvaro Torres Blanco
Angiología y Cirugía Vascular. Hospital Universitario Dr. Peset. Valencia




