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RSS | ed. impresa | Regístrate | 9 febrero 2010

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Un grupo de valencianos se dispone a cruzar los 14,8 km de Lanzarote a Fuerteventura
06.10.08 -

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Ante el gran reto de la Bocaina
Eduardo Landín y Rafael Tenllado, tras el entrenamiento realizado el sábado en la playa de Cullera.
Sólo tres valencianos participarán el próximo 18 de octubre en la travesía de la Bocaina, una prueba que reúne a los mejores fondistas del mar y que une Lanzarote con Fuerteventura. Entre la localidad de Playa Blanca y la de Corralejo. Una hazaña que cubre una distancia de 14,8 kilómetros.

Sesenta deportistas, tan merecedores de tributo como anónimos, se han apuntado a la selectiva prueba. Un reto que está al alcance de pocas personas, muy pocas. Para hacer una comparación, los analistas del deporte estiman que se podría igualar nadar y correr multiplicando por cuatro los guarismos. Así, que los que sean capaces de nadar la distancia entre las dos islas más orientales del archipiélago canario tendrán el mismo mérito que un corredor que cubra 60 kilómetros.

Rafael Tenllado, Samuel Vidal y Eduardo Landín son los tres nadadores que ahora mismo se preparan para la gran cita interinsular. Los dos primeros ya tienen una vasta experiencia en pruebas de largo recorrido en el mar. Los dos han sido capaces de cruzar el estrecho de Gibraltar (Tenllado además con una marca de relumbrón 2 horas y 57 minutos) y ahora se plantean subir un peldaño en su ansia por conocer los límites de su propio cuerpo.

Para Landín se trata de su primera gran cita en aguas abiertas. El nadador sufrió un grave accidente en 2004 con un quad y, tras pasar seis meses encamado, comenzó a hacer la rehabilitación en el agua. Casi sin quererlo, comenzó a hacer piscinas y a cogerle el gusto a lo de las largas distancias. Cuatro años después "de haber vuelto a nacer" el nadador afronta su primera gran prueba en aguas abiertas y se estrena a lo grande. Su mejor referencia es la Travesía Bahía de Cullera en la que nadó los 6300 metros en 1 hora 41 minutos.

Para poder disputar este reto los nadadores han tenido que hacer una preparación exhaustiva. Seguro que algunos bañistas de Cullera les han visto entrenar los últimos sábados. Les han visto ir de sur a norte de la playa y de ahí a la peña del Moro. Habrán pensado que deben de estar majaras. Durante la semana hacen piscinas como locos (su máximo es de 24 kilómetros semanales) pero los sábados se enfundan su vestimenta de neopreno y suben y bajan Cullera.

Entrenar en el mar es fundamental. Nada tiene que ver nadar en el mar con hacerlo en una piscina. Lo realmente duro es lo que se encuentran en el medio salado. Hace dos sábados con las tormentas ya se tuvieron que zafar con corrientes y mala mar. 7.5 kilómetros en más de tres horas. Pero el reloj no es referente. El tiempo que se necesita para cubrir una distancia en el mar varía muchísimo de las condiciones en las que se encuentre el líquido tanto de oleaje como de corrientes y temperatura.

En la prueba de Canarias, los tres sufridores ya se han hecho a la idea de que van a necesitar más de cinco horas para cubrir la distancia entre las dos islas. Lo peor, las corrientes contra las que tienen que luchar. "En el cruce del Estrecho te puedes aprovechar un poco de la corriente porque se trata de cruzarlo -dice Landín- y puedes terminar en cualquier lugar de Marruecos. Te puedes dejar llevar un poco. Pero en la prueba de la Bocaina hay un punto de salida y uno de llegada. Por tanto, si la corriente te lleva luego lo tienes que recuperar. O debes nadar en la línea adecuada pero siempre luchando con una corriente que te llega de costado y te desgasta mucho."

La prueba está restringida a medio centenar de nadadores. La organización, consciente de las complicaciones que tiene la titánica competición, separa a los nadadores en tres grupos por sus tiempos de referencia y un nadador no puede abandonar la disciplina coral. Cada grupo va escoltado por una serie de barcos de asistencia y hasta piraguas que llevan a los nadadores algo de comida y bebidas isotónicas.

Para inscribirse hay que certificar que se trata de un nadador con el suficiente entrenamiento. Y ese tiempo que se envía a los organizadores es el tiempo que le sirve a los mentores de la competición para separar a los nadadores en los tres grupos.

Pero la clave de la Bocaina no está en el tiempo y en la velocidad sino en la cabeza de los nadadores. "Lo mejor que puedes hacer es centrarte en disfrutar y en terminar la prueba", dice Landín con un discurso de máximo respeto por la experiencia que se apresta a vivir dentro de dos fines de semana. "La cabeza es fundamental. Más que los calambres o los vómitos que puedes tener por el esfuerzo de nadar 15 kilómetros. Si piensas en disfrutar tienes mucho mar nadado."
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