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Vida y Ocio

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El deshielo ártico finiquita la legendaria ruta marítima por segundo verano consecutivo
20.08.08 -

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El mito del paso del Noroeste se funde
El deshielo del ártico.
Durante siglos el paso del Noroeste alimentó un mito geográfico a la altura de El Dorado o la Atlántida. ¿Existía una vía marítima para atravesar los hielos boreales del Atlántico hasta el Pacífico, o era pura fábula? La búsqueda de la ruta nutrió leyendas, avivó batallas geopolíticas y engulló las vidas de cientos de exploradores, derrotados una y otra vez por la banquisa.

Hoy el misterio desentrañado en 1905 por Amundsen frente a la costa atlántica canadiense se funde con el resto del Ártico. En agosto de 2007 los hielos que sellaban la vía se abrieron por primera vez en milenios. Un año después, la historia puede repetirse. La leyenda se ha derretido, víctima del calentamiento global.

Dos incógnitas tienen en vilo a los estudiosos del deshielo polar y el cambio climático este verano: si volverá a quedar expedito el célebre paso y si la fusión estacional del hielo ártico repetirá el máximo histórico del año pasado. A finales de julio las 'apuestas' sobre este último punto estaban igualadas. "Hay una probabilidad de 50 contra 50" de que la fina capa de hielo forjada el invierno pasado desparezca en el estío, aventuraba Mark Serreze.

Investigador del Centro Nacional para la Nieve y el Hielo (NSDIC en sus siglas en inglés) de Boulder (Colorado), organismo de referencia en el estudio del manto boreal, Serreze espera, como el resto de la comunidad internacional, al balance final de deshielo, en la primera quincena de septiembre. Sólo entonces se sabrá si el Ártico bate el nefasto récord de disolución de 2007.

De momento la observación satelital indica que no, aunque en la primera quincena de agosto se ha acelerado el ritmo de deshielo de julio. A 10 de agosto, el hielo ártico ocupaba una extensión de 6,5 millones de kilómetros cuadrados, casi el tamaño de Australia, y había registrado desde primeros de mes una pérdida de un millón de kilómetros cuadrados. Según las mediciones del NSDIC, la situación no es tan catastrófica como en 2007, cuando se pulverizaron todos los récords y el manto helado menguó hasta los 4,2 millones de kilómetros cuadrados, pero sigue lejos del promedio de las últimas décadas (de 1979 a 2000), en las que no bajó de los 8 millones de kilómetros cuadrados.

"Lo más probable, tal y como están las cosas ahora es que en septiembre no haya un nuevo mínimo de hielo. El Polo Norte parece a salvo al menos este año", ironiza Serreze.


Sin rompehielos
El que no lo está es el célebre paso del Noroeste. Por segundo verano, la ruta clásica descubierta por Amundsen entre el dédalo de islas del Ártico canadiense es transitable sin necesidad de rompehielos. La ruta por el Canal de Parry y el estrecho de McClure, más próxima al Polo Norte, sigue parcialmente sellada aunque la banquisa puede romperse en las próximas semanas, durante el pico de máximo de deshielo. Esta vía quedó también libre de hielo el verano pasado para pasmo de la comunidad internacional. Fue la primera vez desde que existen registros históricos y fue, para todos, el símbolo más claro de lo que el calentamiento planetario depara al Ártico, donde las temperaturas han subido, de media, el doble que en el resto del planeta.

Sería esta segunda ruta, ancha y de aguas profundas, la que habilitaría el tráfico marítimo a gran escala. Un paso del Noroeste transitable durante casi todo el año -libre en verano y con hielo joven, salvable para los rompehielos en invierno- es el sueño de muchos; nuevas rutas comerciales entre el Atlántico y el Pacífico que permitirían eludir el cruce obligado del Canal de Panamá.

Canadá alega que el paso está en sus aguas territoriales; EE. UU. afirma que son mares internacionales. Como sea, la ruta estable a través del Paso del Noroeste es un futurible no muy lejano al ritmo actual del deshielo, que ha obligado a revisar los pronósticos más pesimistas. El panel internacional de Naciones Unidas para el Cambio Climático (IPCC) habla de un Ártico completamente libre de hielo en 2050, pero ya hay quien como Serreze y otros lo fija hacia 2030 o antes, incluso.

Carlos Duarte, biólogo marino del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, presenció en 2007 el colapso de la banquisa ártica. La línea de hielo retrocedía en agosto "unos 18 kilómetros al día. Nos dejó boquiabiertos".

A la hora de los vaticinios opta por la prudencia. Persisten -dice- "grandes incertidumbres" y dudas sobre los modelos matemáticos utilizados en la predicción climática. Aún así, no duda de que la placa de hielo permanente, la que resistía año tras año la fusión estacional, la que hizo infranqueable el paso del Noroeste, desaparecerá en cuestión de años.

"El mar se helará en invierno y se deshelará en verano. Quizá se recupere en una escala de tiempo geológica, pero no en los próximos milenios", afirmó en la presentación de un libro sobre los Impactos del calentamiento global en los ecosistemas polares. Y un Ártico libre de hielo acentuará la crisis climática; el océano absorberá dosis extra de calor y las temperaturas terrestres seguirán su escalada mundial.
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