
Aunque también hay otras féminas reales que, al igual que Samantha, forman parte del Club Cougar. La más conocida es la actriz Demi Moore, casada con el asquerosamente guapo Asthon Kutcher. Otro ejemplo de mozo retozando con una mujer mayor es el director de cine Guy Ritchie, el marido de Madonna. O la actriz Tilda Swinton que lleva de la mano a un joven artista a todos los estrenos (si es joven y artista seguro que no paga las copas). A Jennifer Anniston, la simpática Rachel de Friends, también la han metido en el saco desde que se ha echado un novio de 30 años. Vayan por delante todas mis simpatías hacia estos mozos que salen con mujeres mayores que ellos, porque eso les hace parecer a mis ojos hombres listos.
Hasta aquí todo bien. Pero detengámonos en el vocablo cougar. Significa puma en inglés, como si estas mujeres, cuando cae la noche, se agazaparan en la jungla urbana a la espera de una presa fácil que cazar. Al que habría que cazar es al que les ha puesto ese nombrecito. Seguro que fue un hombre. Ya son ganas de etiquetar. Conste que no soy una de esas feminazis pesadas que se ofenden por el lenguaje sexista y todas esas estupideces de que si debemos utilizar "cuarentañera" en lugar de "cuarentona", sustituir "concejala" por "concejal" y "vibrador" en lugar de "consolador". Yo no digo miembro, ni miembra, ni membrillo. El problema es que ya me había acostumbrado a que los hombres nos llamaran zorras y perras y resulta que ahora vamos a tener que añadir a los encantadores piropos masculinos el de pumas. Lo digo para que se vayan preparando.







