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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 8 febrero 2012

Cultura

la intrusa

04.08.08 -

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¿Zorra o puma?
El feminismo ha encontrado un nuevo aspecto sobre el que hincar el diente. O posar sus labios. Se trata del fenómeno de las urbancougar o mujeres puma, una expresión acuñada para definir a mujeres bellas y maduras, económicamente independientes, cultas, sexuadas y cualificadas, que salen con hombres más jóvenes. Han transcurrido muchos años desde El graduado, donde una insatisfecha ama de casa americana interpretada por Anne Bancroft inicia en el sexo a un apocado Dustin Hoffman, pero la cantidad de libros y páginas webs que tratan el tema confirma que es una nueva tendencia presente en la sociedad. Bueno, no es que exista, es que tiene hasta un auténtico prototipo: Samantha Jones, la relaciones públicas (relacionista pública, como dicen en las telenovelas mexicanas) amiga de Carrie Bradshaw en la serie de televisión Sexo en Nueva York.

Aunque también hay otras féminas reales que, al igual que Samantha, forman parte del Club Cougar. La más conocida es la actriz Demi Moore, casada con el asquerosamente guapo Asthon Kutcher. Otro ejemplo de mozo retozando con una mujer mayor es el director de cine Guy Ritchie, el marido de Madonna. O la actriz Tilda Swinton que lleva de la mano a un joven artista a todos los estrenos (si es joven y artista seguro que no paga las copas). A Jennifer Anniston, la simpática Rachel de Friends, también la han metido en el saco desde que se ha echado un novio de 30 años. Vayan por delante todas mis simpatías hacia estos mozos que salen con mujeres mayores que ellos, porque eso les hace parecer a mis ojos hombres listos.

Hasta aquí todo bien. Pero detengámonos en el vocablo cougar. Significa puma en inglés, como si estas mujeres, cuando cae la noche, se agazaparan en la jungla urbana a la espera de una presa fácil que cazar. Al que habría que cazar es al que les ha puesto ese nombrecito. Seguro que fue un hombre. Ya son ganas de etiquetar. Conste que no soy una de esas feminazis pesadas que se ofenden por el lenguaje sexista y todas esas estupideces de que si debemos utilizar "cuarentañera" en lugar de "cuarentona", sustituir "concejala" por "concejal" y "vibrador" en lugar de "consolador". Yo no digo miembro, ni miembra, ni membrillo. El problema es que ya me había acostumbrado a que los hombres nos llamaran zorras y perras y resulta que ahora vamos a tener que añadir a los encantadores piropos masculinos el de pumas. Lo digo para que se vayan preparando.
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