Esos 20 céntimos servirían sólo para cubrir el notable incremento de costes registrado en el último año: 10 para cubrir los sobregastos del cultivo en campo y 10 para sufragar los del proceso de transportes, recolección, selección y empaquetado en almacenes.
Alrededor de tal propuesta parece que hay bastante unanimidad, al menos en el sector citrícola, hasta el punto de que está muy generalizado el objetivo de defender ese aumento de precios ante todos los clientes. Comerciantes privados y cooperativas están bastante de acuerdo al respecto. Todos señalan que es preciso conseguir aumentos de cotizaciones del citado orden; de lo contrario no se podrá seguir en la actividad: ni se cubrirían costes en los almacenes ni se podría pagar al agricultor lo que necesita para producir otra vez.
Respecto a la aceptación o rechazo de tal idea en el mercado, todos señalan que un sobreprecio de tal nivel, de tan sólo 20 céntimos, es perfectamente asumible. El consumidor que paga en plena temporada 80 o 90 céntimos por kilo de naranjas puede pagar un euro o 1,10. En todo caso ha de contarse con la aceptación de las cadenas comerciales. ¿Qué estrategia seguirán?
Un exportador que ya lleva meses argumentando a sus clientes la necesidad de subir los precios en esos niveles, para poder seguir adelante y contar con fruta de calidad, explicaba recientemente que los compradores le indican que para ellos no es problema pagar algo más y que lo ven lógico y asumible. Ahora bien, le advierten que lo único que no pueden soportar es tener que vender más caro que su competencia, y que si esta llega a ofrecer por debajo es porque alguien se lo vende más barato. Así que el problema no está fuera, está aquí, y consiste en que nadie regale nada a sabiendas de que luego no pagará lo justo al agricultor.




