José Fernández ha sido el principal impulsor de la política de deslindes marítimo terrestres durante la época de Cristina Narbona al frente del Ministerio de Medio Ambiente. Un periodo que se ha caracterizado por una estricta aplicación de la normativa que ha originado las quejas de miles de ciudadanos
El cese de Fernández aparece relacionado con la polémica generada por la aplicación de la Ley de Costas, pero también con el nombramiento de María Teresa Fernández de la Vega como cabeza de lista del PSOE en Valencia.
Tras la designación de la vicepresidenta como candidata por Valencia, José Fernández aprobó la ejecución de varios deslindes, en contra de la posición del Ejecutivo de Rodríguez Zapatero, que aconsejaba paralizar cualquier actuación que pudiera causar polémica e interferir en la campaña electoral, especialmente en lugares tan delicados como Valencia.
Pero Fernández dio el visto bueno a tres deslindes en el Saler. La decisión generó un hondo malestar entre los afectados que rápidamente hicieron llegar sus protestas al Gobierno. Peor sentó aún peor en el entorno de la vicepresidenta que veía como se abría una polémica que podía pasar factura el día de las elecciones, según reconocen fuentes socialistas.
Las imágenes de la demolición del Restaurante Pepita en Sagunto el pasado mes de enero, cuando faltaban menos de dos meses para las elecciones recorrieron España. El Ayuntamiento de Valencia, por su lado, anunció su intención de acudir a los tribunales contra la actuación del Ministerio de Fomento. El malestar entre los afectados llegó a tal extremo que boicotearon una visita de la ministra Cristina Narbona a las obras del trasvase Júcar-Vinalopó.
La decisión de José Fernández de seguir adelante con la política de deslindes pese a la campaña generó una honda polémica, pero su influencia en el resultado de las elecciones es más difícil de calibrar. El hecho es que el Partido Socialista no logró mejorar sus resultados en la provincia de Valencia, pese a que la lista la encabezaba una de las ministras con más prestigio del Gobierno español. Y Fernández parece que ha pagado los platos rotos.







