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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Cultura

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La estela de SantJordi abriga a Jaume I
Leyenda e historia relacionan al mártir cristiano que simbolizala lucha contra el infiel con el fundador del Reino de Valencia
20.04.08 -

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Leyenda mítica y hechos probados. Son términos que los historiadores distancian para evitar cualquier tipo de toxicidad a la hora de recuperar fielmente el pasado. Su fusión parece inevitable cuando la mirada retrocede a la Edad Media. El camino del ayer remoto se volverá a recorrer el próximo miércoles, cuando se celebre el día de Sant Jordi.

Esta fecha tiene una mayor repercusión en Cataluña, patrón de la comunidad, y en Alcoi, donde las filaes de Moros y Cristianos conmemoran la victoria de las milicias cristianas de Jaume I ante los musulmanes el 23 de abril de 1276 gracias a la intervención de Sant Jordi, según cuenta la tradición.

En la Comunitat, la historia del rey Conquistador se entremezcla habitualmente con la huella imaginaria del santo medieval. La unión no deja de ser paradójica puesto que Sant Jordi, al parecer, "no existió y Jaume I es un personaje real", destacó el profesor de Historia Medieval de la Universitat de València (UV), Rafael Narbona.

La permanencia pretérita de la impronta de Sant Jordi es una herencia de la devoción cristiana exportada desde Grecia al resto del viejo continente durante los siglos XI y XII, explicó Narbona. Es otro legado judeocristiano. "El arzobispo de Génova, Jacobo de la Vorágine, realizó la primera compilación de la vida de los santos en el libro Legenda sanctorum, que se difundió por toda Europa. En ese volumen recuperó la figura de Sant Jordi como un soldado santo que lucha contra el mal. A partir de aquí se convierte en un símbolo devocional para las monarquías que combaten contra los reinos musulmanes", argumentó el profesor de la UV.


Muerte por decapitación
De la Vorágine recoge que, según la tradición popular, el santo fue un militar romano nacido en el siglo III en la Capadocia (Turquía). Servía bajo las órdenes de Diocleciano, cuando se negó a ejecutar un edicto del emperador que le obligaba a perseguir a los cristianos en todo el territorio del imperio romano. Sant Jordi fue martirizado y decapitado. Su trágica muerte originó no sólo una veneración como santo en la zona oriental del imperio romano, sino la aparición de historias fantásticas ligadas a su figura.

En la época medieval, la de las cruzadas y los caballeros que luchan contra los herejes, la referencia a Sant Jordi es permanente. No sólo simboliza la guerra contra el infiel en la Corona de Aragón, sino prácticamente en toda Europa.

"En sus Crónicas el Conquistador escribe que un caballero vestido de blanco encabeza el avance de las tropas cristianas en la conquista de Mallorca. El fundador del Reino de Valencia recoge estas palabras como un testimonio que proviene del bando de los vencidos", comentó Narbona.

Esta es la única referencia escrita que el rey nacido hace 800 años en Montpellier hace al santo medieval. Sin embargo, la tradición y la leyenda influyen en la recreación posterior de los hechos históricos. Un ejemplo que resalta Narbona es el retablo El Centenar de la Ploma, una obra creada por Marçal de Sax en el siglo XV (dos cientos años después de la gesta bélica) que simboliza la batalla de El Puig. En la pieza gótica que conserva en el Victoria & Albert Museum de Londres, se representa a Jaume I con sus milicias y justo al lado del monarca aparece Sant Jordi, "pese a que en las Crónicas del Conquistador del 15 de agosto de 1237, el rey no estaba en el frente", matizó el profesor de Historia Medieval.

El caballero Jaume I entronca con Sant Jordi en que ambos simbolizan la lucha contra el infiel, contra los musulmanes, contra el mal. El primero entabla su particular cruzada y el segundo arrastra la gloria antiquísima de sacrificar su vida antes que causar una herida a sus fe cristiana.

Con el tiempo, el santo medieval se erigió como el patrón de las gentes de armas al que honraban las milicias plebeyas, como la de Valencia y su Centenar de la Ploma. Según el Diccionario de Historia Medieval del Reino de Valencia, la milicia urbana se constituyó inicialmente por una compañía de ballesteros fundada por Jaume I. Su misión era la guarda y servicio de la ciudad junto con la custodia de la Senyera (siempre que ésta hubiera de salir de Valencia con ejército de armas).

"El Conquistador quiso que la compañía tuviese por patrono al mismo que lo era del ejército de Aragón, Sant Jordi, por lo que también se denominaba la Compañía lo Centenar del gloriós Sant Jordi", detalla la publicación.


La Ploma, en el Teatro Principal
Los ballesteros fundaron, posteriormente, una cofradía en tiempos de Pedro IV el Ceremonioso cuya residencia era la iglesia de Sant Jordi. Contiguo a la casa-cofradía se destinó a los ballesteros para la práctica de sus ejercicios un patio descubierto, que corresponde en la actualidad a la parte del Teatro Principal que recae a la calle de las Barcas, por donde pasaba la antigua muralla de la ciudad. Tanto este local para ejercicios, como la iglesia de Sant Jordi daban a la calle llamada todavía por esta circunstancia, calle de Ballesteros.

A pesar de que la fundación de la compañía databa de tiempos de Jaume I, no fue militarmente organizada, ni como milicia ciudadana tomó parte en acto alguno. La verdadera razón que llevó a la ciudad a disponer de una milicia bien preparada, según el Diccionario de Historia Medieval, fue la necesidad de contar con una fuerza urbana permanente, pronta y dispuesta a cumplir las órdenes de los jurados. Fue hacia el siglo XIV y a los ballesteros se sumó la caballería.

Los miembros de la milicia urbana eran gentes de conducta intachable y gozaban de grandes prerrogativas, como la de poder llevar armas ofensivas y defensivas, como las ballestas y el arcabuz.

La indumentaria de los ballesteros del Centenar consistía en una sobrevesta blanca de lienzo o tafetán, con dos cruces encarnadas de Sant Jordi, puestas una sobre el pecho y otra sobre la espalda; a la cabeza llevaban el capacete adornado por la pluma o garzota, vistoso adorno de donde procede el nombre de la Ploma, como vulgarmente se denominaba a la Compañía del Centenar.

Como defensora de la bandera de la Compañía debía asistir a todas las guerras adonde iba la Senyera, lo que le permitió participar en destacados episodios de la vida valenciana. "También concurría a otros actos de carácter pacífico y solemne, como eran las procesiones, sobre todo las del 9 d'Octubre, fecha en que se conmemoraba la entrada de Jaume I en Valencia, y la del 23 de abril, día de San Jordi, en recuerdo de la batalla milagrosa del Puig", según la publicación.

El Centenar fue suprimido en 1707 por Felipe V, junto con los fueros. La única forma para recuperar la milicia apunta a Londres: al regreso casi utópico del retablo El Centenar de la Ploma a tierras valencianas. Pero esa es otra historia.
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