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Medio Ambiente
¿Enterrar el CO2 para proteger la atmósfera?
Gobierno y UE estudian la viabilidad de los almacenes subterráneos de dióxido de carbono para reducir los efectos de las emisiones. La Comunitat podría acoger dos depósitos

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¿Enterrar el CO2 para proteger la atmósfera?
Este tipo de proyectos están pensados, sobre todo, para estar cerca de grandes centros contaminadores
S. gonzález

Gobiernos, comunidad científica y estudiosos de las fuentes de energía de todo el mundo se rebanan los sesos para reducir las emisiones a la atmósfera de dióxido de carbono (CO2), uno de los gases que provoca el llamado efecto invernadero y, en último término, favorecen el cambio climático.

Una de las últimas técnicas que se barajan consiste en enterrar el gas, una vez capturado y licuado, en yacimientos de petróleo o gas natural, en producción o agotados, o bien en acuíferos salinos profundos o capas de carbón no explotables. Actualmente, el CO2 se utiliza en Estados Unidos y en países del Mar del Norte para acabar de explotar yacimientos casi agotados, ya que permite que aflore el petróleo de zonas de difícil acceso.

Sin embargo, organizaciones ecologistas como Greenpeace o WWF/Adena advierten del peligro de esta técnica, de su elevado coste y del retraso que lleva la investigación para ponerla en práctica. El Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC, en sus siglas en inglés), dependiente de Naciones Unidas, señala que el secuestro y almacenamiento de CO2 podría reducir las emisiones entre un 20% y un 40% antes de 2050, al tiempo que advierte de que el cambio climático requiere medidas más rápidas. Concretamente, pone 2014 como fecha tope para reducir las emisiones.

Greenpeace anuncia el lanzamiento de una campaña de información y concienciación sobre los peligros y las mentiras que esconde esta técnica, y que se presentará a principios del mes de mayo.

Tres pasos

Aunque lo parezca, el proceso de soterramiento del CO2 no es como esconder la suciedad bajo la alfombra. Se trata de un complejo proceso químico que requiere, en principio, de una fuerte inversión. En primer lugar hay que capturar o secuestrar el dióxido de carbono de las emisiones totales de las industrias. Como los gases que se emiten están compuestos de varios elementos, hay que filtrarlos y someterlos a diferentes procesos para separar el gas deseado. A continuación habría que tratar ese dióxido de carbono para facilitar su transporte y almacenamiento. Eliminadas las partículas de ceniza, separado del vapor de agua, desulfurado y desnitrificado, existen varias técnicas para almacenar el CO2 puro. Una de ellas es el licuado. Mediante la compresión del gas se puede reducir enormemente su volumen con el objetivo de facilitar el almacenamiento.

Pero antes de esto hay que transportar el gas desde donde se produce hasta donde se almacena. Y se barajan varias alternativas, como en cualquier proyecto que no ha madurado del todo. Una de ellas es la construcción de los denominados ceoductos, conductos similares a los que transportan el gas natural a miles de kilómetros de distancia de donde se extrae.

Las alternativas de transporte son variadas e incluso se baraja el transporte en camiones o barcos. En principio, y según los expertos, las distancias no serían un obstáculo, como asegura el director técnico del programa de captura de CO2 de la Fundación Ciudad de la Energía de Ponferrada, donde se va a probar por primera vez en España esta técnica a partir de 2009.

A por los grandes productores

Dado el elevado coste de esta técnica y la complejidad del proceso químico y físico de almacenamiento del dióxido de carbono, la intención del Ministerio de Industria es aplicar esa técnica en los puntos en los que más cantidad de este gas de efecto invernadero se produce. Es decir, en centrales eléctricas de carbón, en altos hornos o en las cementeras. Sólo en las centrales térmicas se produce, según datos oficiales, el 40% de las emisiones totales de este gas.

La implantación del proceso en este tipo de industria no responde sólo a su peso específico en la contaminación global. La rentabilidad de esta técnica está también detrás de esta orientación. Actualmente es en las centrales térmicas donde se produce la concentración necesaria de CO2 para hacer rentable el proceso, cuyo coste asciende actualmente a 30 euros por tonelada. El precio de una instalación para tratar el CO2 se estima en unos 70 millones de euros.

Dos depósitos en la Comunitat

La puesta en marcha de esta técnica de reducción de emisiones avanza y el Ministerio de Industria publicó hace meses una lista de posibles emplazamientos para este tipo de depósitos. Dos de los 10 propuestos se encuentran en la Comunitat Valenciana. Uno, entre las provincias de Castellón y Teruel, entre localidades de la zona de El Ports como Olocau del Rei, Portal de Morella o La Mata. El otro se situaría entre la provincia de Alicante y la de Murcia.

Otros territorios como Palencia, Madrid, Asturias, Vizcaya, Cantabria, Zaragoza, Tarragona, Ciudad Real o Albacete podrían ser también "agraciados" con un almacén de CO2, según los planes del Ministerio.
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