
De paso, sus palabras le sirven a Alarte para presentarse ante la militancia socialista limpio e inmaculado. Sin la tutela de ningún dirigente y sin la comitiva familiar de algún bando de Blanquerías. Alarte quiere concurrir como Alarte. El primer paso ha sido quitarse de encima al lermismo y al ciscarismo.
El dirigente socialista señaló que el sitio de los históricos está en casa, es decir, en Blanquerías, pero no concretó si colgados de un cuadro o con despacho propio. Sobre Romeu no quiso casi ni hablar. La insinuación fue suficiente: "A mí para presentarme no hace falta que me lo diga nadie y no monto excusas".
El presidente de la gestora del PSPV, Joan Lerma, no le quiso dar mayor importancia a las palabras de Alarte: "Yo no me voy a presentar para liderar el partido, por lo que esas críticas carecen de sentido". Además, apuntó que como tiene "muchos enemigos en los medios de comunicación, quiere decir que no estoy amortizado". El presidente de la gestora garantizó un proceso limpio y afirmó que el 27 de abril se conocerá la fecha del Congreso: "Tenemos ganas de pasar los trastos cuanto antes".
Lo bueno de Alarte es que en la presentación de su programa no se anduvo con medias tintas. A muchas semanas vista del congreso parece que tiene las cosas claras. Otra cosa será en el meollo de la negociación.
En principio no aceptará el típico juego del si tú me das yo te doy. Los socialistas valencianos son muy dados a eso de si me colocas en la ejecutiva te aseguro un puñado de apoyos. De momento, Alarte quiere ser genuino y avisa a los negociadores profesionales que ese no es el camino. El pastel es sólo para él, por lo que no habrá reparto de tarta. Al menos, fue honesto al afirmar que no participará de dulces ajenos: "Si soy secretario general pediré lo mismo que ofrezco". Al mismo tiempo alertó de que no es partidario de las bicefalias "extrañas".
El aspirante es de los pocos que han calificado los resultados electorales del 9 de marzo de "fracaso". Por eso, para abordar "el cambio" en el PSPV "no valen fórmulas intermedias ni segundas partes de proyectos derrotados, ni acuerdos orgánicos ni soluciones personalistas. Solo vale el cambio en profundidad".
Lo que ya tiene ganado Alarte es que es más fotogénico que Ignasi Pla, anterior líder del PSPV. Por lo menos, así se demuestra en los carteles que se presentaron ayer. Con una pose de maniquí y con la nueva terminal del aeropuerto de Manises de fondo -obra made in Zapatero- , el alcalde de Alaquàs quiere convencer a los 24.000 militantes del PSPV de que su proyecto es el bueno.
Alarte, que apuesta por el cambio en lugar de la renovación ya que este término le parece escaso, quiere una carrera de masas hacia el congreso: "El futuro del partido lo deben decidir los 24.000 militantes y no 20 o 25". Para escenificar esto recorrerá todas las comarcas con la idea de hace visibles a sus delegados. Para que a la hora de elegirlos, la militancia los identifique.
El candidato quiere un proceso limpio. Por ello exigió a la Comisión Ejecutiva Federal, a la gestora del PSPV y a las direcciones comarcales y locales que actúen como juntas electorales. Alarte señaló que no duda de nadie pero dejó de manifiesto que recela en privado. A lo mejor, de los lermistas de la gestora.
Bajo el eslogan "De una vez por todas", Alarte ya tiene su modelo de partido. Quiere una federación fuerte al estilo de la catalana y la andaluza. No al nivel de estructura y organización, sino de peso electoral. Un buen puñado de miles de votos para reivindicar esa autonomía frente al PSOE de Madrid. Ahora que en Blanquerías todo el mundo habla de romper las cadenas con Ferraz, Alarte recordó que él ya lo dijo el 12 de julio, cuando hizo oficial su candidatura. De la rueda de prensa de ayer salió con un compromiso: "Si soy candidato y en 2011 el avance de votos de mi partido no es creíble, dimitiré". Tiempo al tiempo. También tiene una nueva solución para traer más agua, aunque no la desveló "para que no la sepa Camps".







