
Aunque este inmueble es de titularidad privada, y es propiedad de la familia Descals, no es menos cierto que, a su vez, es un edificio que goza de la distinción que lo acredita como patrimonio etnológico de la ciudad, lo que le convierte en un elemento protegido.
De hecho, aparece registrado en la relación municipal que recoge estos emblemas patrimoniales. En tanto inmueble protegido por su valor etnológico, y según estipula la propia legislación "las únicas operaciones de desarrollo permitidas son aquellas que aseguren la conservación de las estructuras existentes, así como su revitalización, potenciación y puesta en valor".
Dicha normativa también establece que no se permitirán "obras o actividades que impliquen la destrucción o deterioro de las estructuras esenciales persistentes, fomentándose en cambio aquellas que contemplen su rehabilitación".
La importancia de este molino, además de erigirse como un edificio que hace las veces de testimonio de las costumbres y tradiciones de la capital de la Vall d'Albaida, radica en su mantenimiento íntegro y el buen estado que presenta, puesto que tiene en buen uso todas las piezas y mecanismos que permitían obtener la harina.
El molí Descals está fechado en 1415, según recoge Fernando Sendra, en la publicación de Caixa Ontinyent, Molins d'aigua a la Vall d'Albaida (1998).
"Documentado por primera vez en 1415, aunque en 1320 el rey Jaume II autorizó la construcción de un molino de trigo a Pere de Almazora bajo el puente de la Vila en la confluencia de los dos barrancos, que podría ser perfectamente este molino", se explica en este volumen.
Su buen estado es tal que la familia titular del inmueble no ha tenido ningún inconveniente en abrir las puertas del molino a personas interesadas en conocerlo de cerca, de modo que vecinos, visitantes e historiadores han pasado por este molino, al menos mientras un ilustre ontinyentí como Alejandro Descals vivía.
Ahora, el molino sigue siendo de interés, también desde el punto de vista turístico, ya que se incluye en la ruta del río que ha puesto en marcha el Ayuntamiento y que se oferta en la Tourist Info, como uno de los atractivos de la ciudad.
Su ubicación también se adivina crucial desde el punto de vista del futuro turístico de la ciudad. Su proximidad al edificio que albergará el Museo Autonómico del Textil y la futura urbanización de la ribera del Clariano aumentan todavía más la importancia de este edificio referencial, también conocido como Molí de Montanya o Moli d'Enmig.+
La ubicación estratégica de este inmueble de valor etnológico ya hizo que, hace unos años, el Consistorio ontinyentí contemplará la posibilidad de adquirirlo para que pasara a ser patrimonio de la ciudad.
En cuanto a la gestión política del actual gobierno en lo que se refiere a este elemento patrimonial, desde el Partido Popular se han comprometido a declarar Bien de Interés Cultural este edificio, designación que permite optar a más ayudas para su mejora y, junto con el molino de la Farinera, crear una ruta del trigo y la harina
La pérdida de la pieza ha supuesto un duro revés, por su valor histórico, por lo que se investigarán los hechos para tratar de localizarla.
Este molino es una de las piezas más destacadas del patrimonio ontinyentí y cuenta con una gran valor sentimental para los vecinos, que consideran que se debe mantener y asegurar su pervivencia en el futuro.
Por todo ello los ciudadanos ven con muy buenos ojos que se consiga la declaración de Bien de Interés Cultural, que le asegure una protección extra en el futuro para que las nuevas generaciones de ontinyentins puedan seguir disfrutando también de un edificio vinculado a las tradiciones de sus antepasados.
La buena conservación del inmueble y de los elementos que lo hacían funcionar hace recomendable que se trabaje en ese sentido desde el Ayuntamiento.







