
Sin embargo, no hay estudios hasta la fecha que permitan concretar qué porcentaje de la población padece esta fobia. Sí existen otros cálculos menos rigurosos. En estos informes se habla de que el 33% de los conductores han sufrido en algún momento de su vida una situación de miedo en la conducción, explica Juan Antonio Sánchez, psicólogo del Departamento de Seguridad Vial del Race.
Esto se da tanto en conductores como en pasajeros, aunque es más frecuente en la primera de las posibilidades. Tampoco está relacionado con el sexo porque el problema se da tanto en hombres como en mujeres. También afecta a distintas modalidades de conducción. "Puede ser el hecho de circular por la noche, con lluvia, el pasar por un túnel..." La variedad es amplia, indica Sánchez.
Un valenciano que prefiere identificarse como Jesús reconoce su temor. "No tengo coche por miedo". No sólo le aterra conducir, sino incluso ir de acompañante. Cada noche, al terminar su jornada, busca a un compañero para que le acerque a casa. "Prefiero a alguien conocido que a un taxista". Pese a todo, sus piernas se agarrotan y admite el sufrimiento: "En alguna ocasión no he podido contener un grito ante una situación que yo pensaba que era de peligro".
Luego están otros casos más extraños todavía. Valencianos que obtienen el carné de conducir pero no hacen uso de él. La valenciana Pilar está en esta lista. "Tengo unos 25 años el carné -lo he renovado varias veces-, pero como mucho habré cogido el coche unas diez veces". "Y sólo por ciudad eh! No he salido nunca fuera", exclama.
El nerviosismo se instalaba en esta mujer sólo con pensar que tenía que coger el coche. "Un día de antes ya me ponía nerviosa".
Sánchez describe los síntomas de las personas que padecen esta fobia, que no difieren a los de cualquier otra, "ansiedad, elevación de la tasa cardiaca, sudores, ahogos, náuseas, mareos..."
Todos comparten el pensamiento "de que algo va a salir mal, de que tendrán un accidente". Pero no para todos se transforma en un problema. Este se presenta "cuando las personas no pueden realizar su trabajo o desplazarse a sus ocupaciones".
El psicólogo del RACE clasifica en varios grupos los motivos que pueden llevar a una persona a convertirse en amaxofóbico. El primero sería la vivencia -en primera persona o como testigo- de un episodio traumático. El segundo consistiría en un conductor con muy poca experiencia o que lleva muchos años sin conducir.
Y en tercer lugar, se situarían aquellas personas que han sufrido una situación de estrés en otros ámbitos y también han trasladado su conducta al volante. Se han dado casos de personas que al manifestar esta situación "ya llevaban muchos kilómetros a sus espaldas".
El caso de Paquita concentra los dos primeros supuestos. Todo empezó en 1980. "Me había sacado el carné tres años antes pero no había cogido el coche". Y el problema llegó una noche, cuando rozó un coche que estaba aparcado, pero de los nervios pisó el acelerador en lugar del freno, y colisionó contra varios coches. Una experiencia traumática.
No volvió a conducir hasta 1992. Entonces se renovó el carné y, desde entonces, ha intentado conducir en más ocasiones, aunque le sigue dando miedo. "En la ciudad no me aclaro con las direcciones de las calles y en carretera me da miedo la velocidad". Doble problema. Por eso, sólo se sube en el coche si se trata de algo urgente y le acompaña su marido.
Las campañas de concienciación excesivamente fuertes -por ejemplo, imágenes impactantes, como las que ha utilizado la DGT- también pueden despertar un miedo que estaba latente. Lo mismo sucedería con la advertencia de las consecuencias de una mala práctica al volante. "Aunque en estos casos el porcentaje de posibles afectados sería muy pequeño", matiza Sánchez.
Por suerte, casi todo en la vida tiene solución. El problema se agrava cuanto más tiempo transcurre desde que llega el miedo hasta que se trata este comportamiento. El especialista propone una terapia psicológica, "que consiste en afrontar los problemas que surgen cuando cogemos un vehículo con un psicólogo de acompañante y que trabaje sobre cada caso concreto". Un dato para la esperanza, "el 75% de los pacientes pueden llegar a recuperarse".
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