El Cristo de Zalamea, una imagen en piedra que podría datar del siglo XVI, congrega todos los años a miles de ilicitanos en la noche del Jueves Santo, una vez concluida la procesión del Silencio.
La máxima de 35.000 penitentes y la mínima de 57 centímetros hace de esta procesión una de las más singulares de la ciudad ilicitana y de la Comunitat en el marco de la Semana Santa.
El cálculo de asistentes se establece en función del número de personas que participaron el año anterior y, según cifras aportadas por fuentes municipales. La Cofradía del Cristo de Zalamea encargó para este año "unas 35.000 velas de penitente", según fuentes de la entidad.
La imagen, que presenta a un Cristo crucificado y arropado junto a un trono sencillo arropado por flores, no fue concebida por su autor -anónimo- como talla de procesión sino para albergar una hornacina que fue ubicada en el antiguo hospital de la calle Corredora de la ciudad ilicitana.
La devoción popular por esta imagen viene del siglo XVI y está relacionada con la asistencia sanitaria y como imagen de plegaria por la mejora de quienes estaban enfermos.
No obstante, esta veneración por el Cristo de Zalamea tiene su origen en el Santísimo Cristo de la Quinta Angustia, ubicado en un antiguo hospital de la localidad de Zalamea de la Serena (Badajoz), y su relación con posibles milagros en curaciones a enfermos después de ser untados con el aceite de la lámpara que lo alumbraba.




