De este modo, la ciudad, la única en el mundo que todavía realiza la palma artesanalmente en diferentes talleres, ha vuelto a cumplir con la tradición de esta procesión, que data de finales del siglo XIV y principios del XV.
Además del espíritu religioso de este acto, que conmemora la entrada de Jesucristo en Jerusalén, Elche celebra esta procesión bajo el marco de la citada tradición artesanal, pues son distintas familias ilicitanas las que se dedican a la elaboración de las palmas y cuyos mejores trabajos son presentados a un concurso anual.
Las palmas blancas, auténticas obras de arte surgidas de manos artesanales, han inundado los rincones de la capital ilicitana en esta procesión.
Sencillas, rizadas y con adornos complejos, como flores de solapa y trenzadas con ramas de olivo, son las más comunes, si bien la procesión ha permitido observar palmas que dibujaban en relieve detalles religiosos.
Tras la bendición de la palmas en la puerta del parque municipal, la procesión recorrió diversas calles, como Diagonal de Palau, puente de Altamira, avenida del País Valencià, puente de Canalejas, plaza de Baix, calle Corredora, puente Ortices, calle Capitán Lagier y plaza del Congreso Eucarístico. Ilicitanos y visitantes se sumaron a lo largo del recorrido a esta procesión, con el objeto de acompañar el paso de Jesús Triunfante, portado este año por las costaleras del trono de María Santísima de la Salud de la Cofradía de la Santísima Sangre de Cristo.
El alcalde de Elche, Alejandro Soler, y el resto de miembros de la corporación local cerraron la procesión, que ha finalizado en la basílica de Santa María. Los talleres artesanales de Elche han producido este año alrededor de 100.000 palmas blancas, tanto para el mercado ilicitano como para su venta en otros puntos de la geografía nacional e internacional.
Fuera del municipio, se vende fundamentalmente a localidades de la Comunidad Valenciana y también a Barcelona, que a su vez exporta a países extranjeros como Gran Bretaña, Bélgica y Francia.







