Su objetivo es que se regule el "vacío legal" en la entrada de inversores en su propiedad, como si fueran un producto inmobiliario más. Este último punto es precisamente el que más retrae a las administraciones públicas implicadas. La clave de esta nueva fórmula de gestión son los condohoteles, que han tenido un gran éxito en las dos principales potencias turísticas mundiales, Estados Unidos y Francia.
El mecanismo es simple: un comprador adquiere una habitación o apartamento dentro de un complejo hotelero con derecho a usarla durante un periodo máximo de tiempo (normalmente, un mes), que incluso puede repartirse por semanas o en otros plazos. El resto del tiempo, la cadena hotelera en cuestión se encargaría de alquilar la estancia y a cambio ofrecería una rentabilidad determinada al propietario.




