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Navelate, la mejor naranja
02.03.08 -

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Navelate, la mejor naranja
Hagan la prueba mañana mismo. Diríjanse a la frutería de la esquina o al encargado de la sección de artículos vegetales perecederos de cualquier supermercado o gran superficie y pídanles un kilo de naranjas de la variedad Navelate, como se pide merluza o salmonetes y a nadie se le ocurre solicitar un kilo de peces. ¿Conocen a alguien que se dirija a un dependiente y le pida carne, a secas, y no chuletas de cordero, solomillo de ternera, pechuga de pollo o lo que le apetezca? Entonces, ¿por qué se conforman con pedir simplemente naranjas? Hasta en manzanas hablan de Golden, Delicious, Fuji, Granny Smith o Pink Lady, y también reclaman plátanos de Canarias. ¿Por qué autolimitarnos y contentarnos con naranjas, en general, en la tierra que lleva el nombre (Valencia) que mundialmente se identifica con la capitalidad naranjera?

Pidan naranjas Navelate, que estamos en plena época para comerlas, y comprobarán fácilmente que, en la mayoría de los casos, el vendedor no sabrá de qué le están hablando. Ustedes se lo pierden, y el vendedor también, porque se trata de la mejor naranja del orbe mundial, la de mejor sabor y de pulpa fundente, y eso lo reconocen en todas partes, quienes saben. Más fuera que aquí mismo, donde es tan fácil denostar lo propio.

La Navelate surgió de forma espontánea en Vinaroz, por mutación natural de una rama en un campo de la variedad Nável de Juan Gil, hace ahora medio siglo. Gozó de gran predicamento comercial, con altos precios que se distanciaban mucho del resto, cuando había vendedores que defendían a capa y espada la calidad diferencial de lo que ofrecían y compradores profesionales que buscaban lo mejor para su clientela selecta y sabían escogerlo entre lo más ordinario.

Pero se fue extendiendo un proceso de estandarización comercial que en la práctica ha devenido en vulgarización, porque se ignoran sistemáticamente los detalles que marcan las diferencias entre lo regularmente bueno y lo muy bueno, y también porque se toman como defectos insoportables y rechazables meras características que deberían tener otra consideración. Pero no se le pueden pedir peras al olmo, porque el poder de compra ya no descansa hoy en profesionales atentos a convencer y servir al cliente que busca lo bueno de verdad, sino en jóvenes ejecutivos sin experiencia intrínseca sobre la mercancía que tratan y que sólo atienden a la rentabilidad del metro cuadrado del establecimiento a su cargo. Estamos en sus manos.

El resultado es que la inmensa mayoría de ustedes se van a quedar sin probar la excelencia de una naranja Navelate, porque en la larga cadena desde el campo hasta la venta al detall escasean ya quienes pueden saber qué es una Navelate y nadie se ha preocupado tampoco, desde el lado productor, de explicar de qué estamos hablando y de que, por muy poco más, o quizás por lo mismo, podrían disfrutar de lo lindo. Imaginen por un momento la diferencia entre un melón delicioso, ese que apenas tienen suerte de probar una o dos veces cada verano, y esos que más se parecen a pepinos endulzados. Pues esa misma felicidad. Ustedes se lo pierden.

Resulta que hoy no se paga más la Navelate en el campo, como antaño, y como tiende a producir menos que otras y es más delicada en todo, el agricultor procura producirla menos. Está en decadencia y sólo la buscan los comerciantes muy especialistas y marquistas que quedan, para desgracia de todos los demás ciudadanos que no la conocen y que deberían exigir su derecho a disfrutarla, si tuvieran la suerte de llegar a comprarla.

Como las cosas buenas de verdad, la Navelate tiene la piel muy sensible. Sufre a menudo de rayaduras por culpa del viento ocasional que la zarandea; de 'pateta de rata', que es una leve alteración de la corteza que algunos comerciales ven como una pérdida de calidad, aunque dentro no se nota para nada; o aparecen levísimos pinchazos, porque las ramas tienen espinas. En fin, nada sustancial para lo que interesa de verdad, que es el sabor, y tampoco en todos los frutos, sólo en una parte. Pero ha sido suficiente para que se le rehúya, cuando debería ser al revés.

Nadie ha sabido hacer con la Navelate como los plataneros de Canarias, que han convertido un teórico defecto, "la manchita" de la piel, en una virtud identificativa de la diferencia y de la calidad de sus plátanos. O como los vinateros que sacan todo el jugo comercial a uvas pasas, heladas o semipodridas por la 'bothrytis buena'. Todos perdemos.
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