¿Qué está pasando? Es muy interesante ver el papel que juega la religión en la televisión española: no hay tal papel. Fuera de la programación cultual de La 2, confinada al espacio dominical, y de la ocasional cobertura de algunos acontecimientos especiales, la religión no existe. Esto es consecuencia de la organización de la vida social española sobre bases estrictamente laicas, que encajan con la progresiva desacralización de las sociedades contemporáneas. El paisaje viene definiéndose así desde hace muchos años y tampoco parecía que hubiera nadie especialmente molesto por la situación. Ahora bien, en los últimos años hemos visto aparecer algo que no estaba previsto en el dibujo: una veta expresamente antirreligiosa, orientada a minar cualquier dimensión sagrada en la vida de la gente.
Esa veta se presenta de manera transversal en distintos segmentos de la parrilla, pero sobre todo en los programas de entretenimiento, donde hay menos cortapisas profesionales. Hasta la fecha, las agresiones o desdenes hacia segmentos sociales concretos solían venir paliados por la autocensura: uno sabe que no debe herir gratuitamente a tal o cual grupo, y entonces se calla.
Lo que pasa es que en este asunto la autocensura se ha vuelto unidireccional: callan los heridos mientras gozan de carta blanca los agresores. Aparece un nuevo tipo de autocensura que consiste en no protestar, no sea que vayan a decir que eres poco progresista. Pues bien: yo protesto. Creo que este anticlericalismo televisivo sólo sirve para hacer más áspera la convivencia.
JOSÉ JAVIER ESPARZA
EL INVENTO DEL MALIGNO







