
La nueva normativa sobre animales servirá para actualizar la anterior, que data de 1990 y responde a necesidades bien diferentes de las actuales. Es el caso del artículo 26, que establece la prohibición de "facilitar alimentos de forma habitual a los perros y gatos vagabundos". El Ayuntamiento quiere adaptarse a los nuevos tiempos ampliando la restricción al resto de fauna callejera, incluyendo, evidentemente, las palomas, con la idea de frenar el crecimiento de las colonias y poner coto al problema sanitario que suponen debido a la cantidad de enfermedades que pueden transmitir al ser humano.
Durante el año pasado, los técnicos de Sanidad Animal capturaron alrededor de 16.000 palomas. Para evitar el incremento de la población, se les dan alimentos que limitan su capacidad de reproducción.
El problema, a diferencia de plagas como las cucarachas, no es tanto de superpoblación como de concentración, pues la especie se ubica en zonas bien delimitadas, debido a la presencia de nidos o de comida. De ahí la importancia de limitar sus fuentes de alimento. De hecho, la idea de la concejala de Sanidad, Lourdes Bernal, es prohibir la venta ambulante de alpiste, como ha sucedido durante años en la plaza de la Virgen de Valencia, uno de los focos con mayor presencia de la especie. Prueba de ello son las deposiciones que de vez en cuando adornan las esculturas de la fuente o dañan las fachadas de la Basílica o la Catedral.
Los inmuebles vacíos y abandonados también son utilizados para establecer nidos, como sucede en el centro histórico de la capital.
Desde la Protectora de Animales recomiendan que no se alimente a los perros y gatos callejeros. En el caso de los segundos, existe una red de voluntarios, coordinados desde la SVPAP, que se dedican a facilitar piensos a las colonias callejeras, a la vez que se realizan tareas de control de la población.







