El error vino cuando el conseller de Cultura y su director general de Patrimonio realizan el encargo de este trabajo. El encargo y su procedimiento fueron desafortunados e incorrectos y no tuvieron el deseable y necesario control; pero aun así es este un error, creo que no voluntario, que acarreó como consecuencia el proyecto y la obra realizada. El proyecto de rehabilitación del Teatro Romano se basó en una teoría de la restauración desechada inmediatamente por los criterios del mundo de la restauración; es más, ha sido tomada, en no pocas ocasiones, como ejemplo o muestra de lo que no se debe hacer en restauración, y eso que no son conocidas algunas peculiaridades en la obra realizadas.
Tanto al proyecto de rehabilitación como a la obra realizada, siempre he manifestado mi opinión, mi critica a esta actuación, independientemente del Gobierno local, autonómico o nacional, que en cada momento hayamos tenido, porque sinceramente me da igual, siempre me he sentido libre para realizar estas manifestaciones; afortunadamente he podido mantener mi independencia profesional sin que sin embargo pueda evitar que alguna mente retorcida utilice pretextos para intentar devaluar mi opinión técnica y coartar mi libertad de expresión. Y del mismo modo que no voy a cambiar de ideología política, mucho menos voy a renunciar a mis criterios técnicos, a los que he llegado mediante el estudio profundo tanto del Teatro Romano como de la intervención que nunca debió hacerse.
Hay quien se opone a la reversión porque les gusta la obra realizada. Nada se puede objetar contra los gustos de cada uno, pero sepan que la obra nueva se ha construido sobre los restos del antiguo teatro romano de Sagunto, la mayor parte auténticos (centro de la orchestra, parte baja del graderío, muro del frente de scaena, proscaenium, pulpitum y postscaenium, valvas y muros de versura se conserva sin restaurar), incluso en ocasiones se han destruido o modificado para que prevaleciera la idea preconcebida del teatro de Grassi, y puedo asegurarles que las modificaciones fueron importantes y de gravedad.
Muchos argumentan el elevado coste de las obras de reversión, incluso aun estando en contra de la obra realizada. Desde luego la reversión supondrá un coste, pero se habla de cifras intencionadamente exageradas y con gran desconocimiento. Este coste, que a la Generalitat seguro no ha de suponer un quebranto y en cambio para el Teatro Romano supone la oportunidad única de recuperar su identidad, que todos los que defendemos y deseamos recuperar el patrimonio no podemos dejar escapar, en el supuesto de que, como parecería lógico pensar, el Gobierno de la Generalitat decida ejecutar la sentencia del Tribunal Supremo. Porque, además, todos tenemos una obligación intransferible respecto al patrimonio y concretamente al Teatro Romano que nos han legado nuestros antepasados, y es la obligación de transmitirlo a las generaciones que nos sucedan, en las mejores condiciones posibles para su mejor comprensión y valoración, siendo que la ejecución de la sentencia no supone problema ni perjuicio para los restos arqueológicos del Teatro; así lo dicen las catas realizadas por el Departamento de Materiales de la Universidad Politécnica de Valencia y el informe técnico que a tal fin se realizaron y están contenidos en la citada sentencia. No confundamos la defensa del Teatro de Grassi con la defensa del Teatro Romano de Sagunto.
Del mismo modo, conseguir mantener el uso cultural del monumento después de la reversión es tan reivindicable como factible y, puestos a ser reivindicativos, hagámoslo exigiendo que a tal fin se promueva un concurso de ideas, así como la búsqueda de solución (que sin duda hay) que evite a los vecinos y comerciantes de la zona las molestias Pasa a la página siguiente




