De momento, las amenazas que sufro no llegan a la intensidad de las padecidas por los periódicos que publicaron las viñetas acerca del profeta Mahoma, pero sí que son una clara muestra de que aún existen en esta sociedad, que se llama democrática, algunos individuos que, tal vez, se encontrarían mejor ubicados en regímenes totalitarios que les permitiesen quemar libros y a sus autores.
No voy a caer en la tentación de emplear con ellos sus mismas armas a quienes quieren causarme desasosiego y temor. El Estado de Derecho dota a esta sociedad de mecanismos legales para que nos podamos defender quienes padecemos en nuestras carnes el salvaje atentado a la libertad de expresión. Así que quienes han tratado de romper por medio de la violencia ese pilar básico de la democracia, cual es la facultad de expresar y difundir libremente ideas y opiniones, deberán responder ante el poder judicial.
En cuanto al comunicado del Atlético Saguntino, mejor dicho, de su junta directiva, hecho público hace pocas horas, en el que se anuncia que dicho club se va a querellar contra mí por esa viñeta humorística, quiero manifestar ante los medios de comunicación y la opinión pública en general que aplaudo la decisión, pues es el medio oportuno para, si se sienten ofendidos, que sean los jueces quienes decidan.
Lo lamentable del hecho es que tras esa querella que anuncian, posiblemente no se esconda más que el intento desesperado y a la defensiva de alguno de sus miembros de ocultar ser el presunto autor de algunas de las amenazas que he relatado antes.
No obstante, reitero que ése, el judicial, es el camino legal y adecuado. Así pues, si la masa social de ese prestigioso club de fútbol desea seguir los tortuosos pasos iniciados por sus dirigentes, no seré yo quien se lo reproche.
Simplemente les sugiero que antes de tomar decisiones tan precipitadas como la adhesión a la querella que les piden sus directivos, observen la viñeta del conflicto y analicen si en algo ha podido afectar al objeto del club deportivo de sus colores.
Finalizo proclamando que con actuaciones como las que estoy padeciendo no lograrán cerrar mi boca ni inmovilizar mis manos.
Mi derecho a transmitir mis opiniones por medio de mis dibujos humorísticos es irrenunciable, como también considero irrenunciable asistir a las manifestaciones que considere oportunas.
Tal y como lo hice a la convocada el pasado martes 29 de enero en contra de la demolición de las obras del Teatro Romano del municipio de Sagunto.







