Al remitirse Álex Vidal a una novela de Scott Fitzgerald (pienso que también al propio autor, a su vida agitada de lujos y excesos) no ha podido hallar mejor palanca para desarrollar una subyugadora colección, beneficiada de la intercomunicación con Álex Vidal junior. Es curioso que esta apoyatura, y la de ambos en motivos lejanos, haya cuajado en una propuesta plenamente insertable en moldes actuales. Una música que sonaba a la cancioncilla 'I love again', que Cole Porter compuso en París en 1925, subrayaba el decorado fotográfico de viejas calles parisinas, de las que parecían surgir los modelos vivos. Renacía la era entreguerras cuando florecían las vanguardias y la moda acompasaba su refinamiento al jazz. Vimos siluetas de ayer revividas con ojos de hoy: blancos inmaculados, rosas ahumados, negros con bordados a lo Erté. Gorras de legítima filiación Borsalino y sombreritos 'cloche' de las 'flapper' cinco estrellas. Elegancia y formas estudiadísimas, hasta culminar en una sucesión de tafetán negro en trazos ampulosos y recamados art-decó. Rotunda confirmación del joven Álex Vidal junior y paseo ovacionado de padre e hijo por una pasarela que se rindió al bien concertado dúo.
David Delfín, por su lado, tuvo el resorte en las palabras lapidarias de Óscar Wilde en su 'Balada de la cárcel de Reading', afirmando: "todos matamos aquello que amamos; el cobarde, con un beso; el valiente, con una espada." La dicotomía amor/odio la simboliza Delfín en la mantis religiosa, que devora al macho después de la cópula. Este insecto bordado en verde, pone la única pincelada de color a una colección coherentemente titulada Dual, que desmenuza en blanco y negro los elementos de la indumentaria masculina en insólitos giros que, como asegura el autor, la convierten en hiperfemenina. Pajaritas en la muñeca, camisas a doble vertiente o recorriendo con su cierre el brazo; ideas saltarinas como variaciones sobre una nota musical. El juego de la dualidad como final vitaminado de la IV Semana de la Moda.
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