
"El bisnieto mayor", susurraba Emilio Muñoz Blasco-Ibáñez a LAS PROVICIAS, en discreto segundo plano. El panegírico ya había concluido tras las palabras de María José Alcón, concejala de Cultura, quien depositaba la corona de flores -la edil pidió que fuera la bandera constitucional y no la republicana la que quedara a la vista, pues la cinta presentaba a su llegada al cementerio los colores republicanos- junto a Marinette Gascó, de la Asociación Blasco Ibáñez-Centro de Estudios León Roca, e Isabel Oliver, del Ateneo Blasco Ibáñez. Una dolçaina sonó y todos se esparcieron en charla que se alejaba de aquel rincón.
Porque los restos de Vicente Blasco Ibáñez, quien, casualidades del destino, tal día como hoy en 1867 vino al mundo, yacen alejados de panteones y columnas dóricas que uno le presupone a tan excelso hombre de las letras valencianas. ¿Por qué motivo? El Ayuntamiento afirma que es cosa de la familia. ¿Y ésta qué dice? "Eso aún no está claro, hay muchos familiares mayores que no desean el traslado y todavía nos estamos poniendo de acuerdo...", manifestaba ayer al mediodía de su bisnieto.
Pese a que el quorum familiar todavía no llega, el Consell Valencià de Cultura continúa su embiste al respecto. Así, en el pleno celebrado ayer, se acordó que sus restos se deben "dignificar" albergándolos en el sarcófago de Mariano Benlliure. "Éstos se situarán en el claustro gótico del convento del Carmen o bien en otro lugar adecuado, donde la memoria del escritor pudiera ser honrada por todos los valencianos, cumpliendo así el sarcófago el cometido para el que fue creado, como bien figura a los pies del mismo cuya inscripción es "'Valencia a Blasco Ibáñez'".
Sobre el mármol azabache de la actual lápida de Vicente Blasco Ibáñez se pueden leer las siguientes palabras que el autor de novelas como Cañas y barro, Los cuatro jinetes del Apocalípsis o Arroz y tartana dejó escritas el 22 de mayo de 1921: "Quiero descansar en el más modesto cementerio valenciano, junto al mare nostrum que llenó de ideal mi espíritu, quiero que mi cuerpo se confunda en esta tierra de Valencia que es el amor de todos mis amores".
María José Alcón subrayó que este año todas las novelas de Blasco Ibáñez "pasan a ser patrimonio universal de manera que logra la categoría de clásico al alcance de cualquier persona, de cualquier editor, convirtiéndose sus títulos en referencia múltiple y de acceso global". Además, se refirió a la labor municipal "para mantener viva y difundir" la figura de Blasco Ibáñez a través de iniciativas, entre las que citó poner su nombre al premio literario 'Ciudad de Valencia' en la categoría de narrativa en castellano; la edición de sus obras y sus biografías, o la rehabilitación del chalet del escritor en La Playa de la Malvarrosa, para convertirlo en la actual Casa-museo Blasco Ibáñez, "centro cultural de La Malvarrosa donde se custodia el espíritu del autor y su legado, además de ser un motor para la vida social del barrio", incidió.
La concejala de Cultura aprovechó su parlamento para invitar a los presentes a asistir al ciclo de conferencias que, desde ayer y hasta el próximo lunes, van a impartirse en la Casa Museo Blasco Ibáñez, en la sede del Instituto Francés o en la Asociación Manaus, bajo el título Blasco , su vida.







