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San Vicente Mártir, el primer patrón de Valencia
22.01.08 -

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Sobre san Vicente Mártir, el primero de los patrones de Valencia, todavía la historia mantiene guardados secretos más difíciles de sacar a la luz que sus propios restos. Seguimos conformándonos con hipótesis más o menos fundadas provenientes de autores de prestigio y basadas en argumentos razonables, antes que empeñarnos en un esfuerzo por averiguar lo definitivo.

Por ejemplo, para Sanchis Guarner en su Historia de la Ciudad de Valencia, nuestra tierra estaba poco evangelizada en tiempos de San Vicente (año 304); y se desconocen los motivos que impulsó al perseguidor prefecto romano, Daciano, a desterrar de Zaragoza a Valencia al obispo Valero y su joven diácono Vicente. Mientras que para Sanchis Sivera en su obra Estudios Históricos de la Diócesis de Valencia, la razón es bien sencilla: "Simplemente los mandó trasladar con el propósito de que las penalidades y malos tratos del camino hicieran flaquear la firmeza de su fe, lo que no pudo conseguir".

Sin embargo, parece más lógica la opinión del cronista valenciano Gaspar Escolano en su Historia del Reino de Valencia, al afirmar que los padres del mártir Vicente, Eutiquio y Enola, aunque residentes en Huesca por el oficio y destino del padre -cónsul romano- eran oriundos de Valencia y aquí tenían familia. Esto lo habría averiguado Daciano durante los interrogatorios del proceso, moviéndole a trasladarlos a Valencia para que sus parientes presionaran y ayudaran a hacer renegar, principalmente a Vicente, de su fe. Porque, "de no ser esto verdad, no alcanzo qué le pasó por la cabeza a Daciano que, después de haber vertido tanta sangre de mártires en Zaragoza, reservara sólo a ellos dos para Valencia".

De lo que no hay duda es de que, mientras que al obispo se le perdonaba al fin la vida por su avanzada edad y, sobre todo, porque estaba entroncado con la noble familia romana Valeria, al diácono Vicente se le aplicaron los tormentos más horrorosos: garfios de hierro, potro para descoyuntar los huesos, lecho incandescente para abrasarlo y finalmente cuerpo arrojado a una mazmorra alfombrada con cascotes de vidrio... Pero todo sufrido con intrepidez y recogido en unas actas, relación o "Passio", que, leído cada año en todas las iglesias de la cristiandad, despertaron la más universal y entusiasta de las devociones cristianas conocidas hasta entonces.

San Agustín le dedicó sermones. Los papas san León y san Gregorio lo celebraron en sus panegíricos. San Isidoro de Sevilla y san Bernardo en sus escritos. Prudencio le dedicó el himno V de su Peristephanon y el poeta italiano san Fortunato escribió que, "así como Roma fue consagrada con la sangre de los apóstoles Pedro y Pablo, África con la de san Cipriano y Scitia con la de san Quirino, España lo había sido con la del valeroso diácono san Vicente".

Por todos los lugares se levantaron templos y catedrales dedicados a su veneración, resultando su martirio el primer acontecimiento histórico que ya en la antigüedad dio a conocer al mundo el nombre de Valencia. Si bien en nuestra ciudad sólo se le erigió una pequeña iglesia, San Vicente de la Roqueta, para guardar sus restos.

Hasta que siglos después el rey Jaime I, gran valedor de la devoción del joven mártir porque bajo su protección había confiado la reconquista de Valencia, mandó ampliar esta iglesia basílica como reconocimiento a la exitosa campaña. Y junto a ella, levantar un monasterio y un hospital para atender a pobres y enfermos. Además de "ensolar" de piedra azul toda la acera de la calle por donde fue arrastrado el cuerpo de san Vicente, haciéndola bien visible; porque, también en su honor, había dispuesto la gracia de la libertad para todo aquel maleante que, perseguido por la justicia, lograra poner los pies en ella antes de ser atrapado.
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