Las consecuencias del constante encarecimiento del coste de la vida para el ciudadano, según Móner, afectan "a la calidad de los productos que consumiremos. Los ciudadanos, lógicamente, con menos dinero y los precios más altos, buscarán lo más económico, que generalmente implica una rebaja de la seguridad y las garantías de aquello que se compra". El estancamiento del consumo es algo sobre lo que ya se está advirtiendo en Estados Unidos, el país donde se inició una crisis hipotecaria que ha terminado por arrojar muchas sombras sobre la coyuntura económica mundial. Los analistas estadounidenses señalan que este año se alcanzará el menor crecimiento del comercio en los últimos cinco años. El consumo privado, como motor de economía, comienza a dar signos de agotamiento.







