Las pinturas rupestres están en el interior de las cuevas que, a su vez, están dentro del museo. Un edificio completamente asegurado al que es muy difícil entrar.
El recinto tiene un servicio de vigilancia permanente durante las 24 horas del día y los 365 días del año. Las cámaras de seguridad están instaladas a lo largo de todo el edificio y todas ellas se controlan desde la central de vigilancia. Cualquier movimiento fuera de lo habitual en el interior del museo es detectado al instante.
Además, un nutrido grupo de agentes de seguridad permanecen también las 24 horas del día, a turnos, alertas para evitar que se produzcan incidentes.
La cueva con las pinturas tiene una entrada pequeña, pero luego se abre a una extensión de 140.000 metros cuadrados que también están completamente vigilados.







