
Desde hace cinco años, la Fundación Lubasa quiso "devolver a la sociedad la confianza depositada en nuestra compañía", manifestó Javier Andreu, director de Recursos Humanos de la empresa, en su intervención ante los premiados.
Para hacerlo posible inició tres tipos de actuación: la promoción de la cultura, de la investigación científica y de la formación de jóvenes. En virtud de ello, la Fundación Lubasa entregó ayer 40 becas a estudiantes a los que paga la formación, el material de estudio y el transporte.
En algunos casos fueron los padres quienes recogieron la beca. Así ocurrió con Lourdes Soriano, que está cursando Ingeniería Industrial con una beca Erasmus en Lyón. Su madre, Paula Campos, comentaba tras subir al estrado, "es una satisfacción tener un hijo aplicado. Los padres hacemos lo que podemos, pero el resto lo hacen ellos, de lo contrario no sería posible disfrutar de una beca".
El padre de Álvaro Vázquez, alumno de Arquitectura, acompañó a su hijo a recoger la beca. Coincidieron en que el dinero "es una motivación para estudiar". Pero, sobre todo, "la motivación es para los padres. La beca es para nosotros porque es una cantidad importante que dejamos de pagar y una ayuda que premia el esfuerzo como ninguna otra beca lo hace".
Javier Costa, alumno de Arquitectura Técnica, destacaba: "Tenemos la opción de hacer prácticas en la empresa, algo muy importante para empezar a trabajar".
La Fundación Lubasa concedió también dos aportaciones económicas a jóvenes emprendedores para sus iniciativas empresariales.
Elíes Soler y Laura Soriano, con la empresa Rodem, fueron galardonados. Titulados en Administración y Dirección de Empresa y en Biología, se dedican a importar, aplicar y distribuir cualquier artilugio que haya en el mundo para mejorar la accesibilidad, en entornos como el campo y la playa, de quienes se mueven en sillas de ruedas y en este tipo de vehículos especiales.
La segunda empresa premiada fue Acondaqua, que ha levantado Alejandro Pérez Marz, ingeniero industrial, dedicada al tratamiento de agua residual. Se desplazan con una caravana hasta las empresas que demandan su servicio. Durante días se analiza el agua y con los resultados diseñan un tratamiento permanente para estas aguas y lo instalan.
El tercer nivel son ayudas a la investigación. Recayeron en la unidad pediátrica de transplante hepático de La Fe y en la unidad oncológica del Hospital de Castellón. El acto contó con Luis Batalla, presidente de la Fundación Lubasa.







