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modelos de estrategia, chupa chups
Cincuenta años de sabor e imagen de marca
enric bernat consiguió dar la vuelta al mundo con un palo de plástico... y mil acciones comerciales
02.12.07 -

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Cincuenta años de sabor e imagen de marca
Cuatro generaciones de niños han disfrutado del caramelo más famoso del mundo. / pedro armestre
laura de cubas

Corrían los años cincuenta, el 67% del consumo de caramelos estaba 'en las manos' de los niños menores de 16 años. Una pringosa costumbre que llevaba de cabeza a muchos y con la que Enric Bernat quería acabar. Perteneciente a la tercera generación de una familia de tradición confitera, este catalán, por entonces de 26 años y ya con su propio negocio —Producciones Bernat—, lo tuvo claro: "hay que poner tenedor a los caramelos". Pero no fue un cubierto y sí un palo, al principio de madera, el responsable de que su pequeña idea diera rápidamente la vuelta al mundo.

En 1958 salía a la venta el primer chupachús —así sin cursiva, la marca lleva a gala estar admitida por el Diccionario de la Real Academia de Española como sustantivo—, un caramelo que se comercializó por el inconcebible precio de una peseta. Porque Bernat no temía el fracaso; la calidad cuesta y la imagen, más. Así y sin alejarse de su principal público, los niños, empezó a conquistar mercados más adultos.

En muchas lenguas

A finales de los sesenta abre su segunda fábrica en Sant Esteve de Sesrovires (Barcelona) al tiempo que monta su primera filial extranjera en Francia, dando muestra de su proyecto internacional que, dos años después, se materializaría en la nueva imagen diseñada por Salvador Dalí, la sustitución del palo de madera por el de plástico y sus incursiones en Japón, EE.UU., China, Alemania, México...

Y no importaba el lugar ni la cultura en la que intentara hacerse hueco, el "dulce lúdico" se convertía en todo un acontecimiento. Pocos podían competir con su calidad, su plan de marketing —que le hacía estar siempre presente tanto en la vida diaria como en los mayores eventos del mundo— y su tecnología. Un elemento, este último, que también revolucionó el mercado ya que Chupa Chups fue pionera en fabricar maquinaria para elaborar sus productos, que han ido evolucionando a lo largo del tiempo en forma —el melody pop, o caramelo flauta; el pen pop, o caramelo bolígrafo...—, sabor —más de cincuenta, tanto clásicos como exóticos— e incluso nuevas propuestas —Smint, Cremosa...—.

El final de una época

Durante las décadas de los ochenta y los noventa el crecimiento de la compañía es imparable. En 1979 alcanza la cifra de 10.000 millones de unidades y doce meses después consigue que el 90% de su facturación corresponda a exportación y, el 10%, a importación cuando diez años antes la proporción era inversa. Sólo le quedaba el espacio... y hasta allí llegó en 1995 desde su fábrica de Rusia —inaugurada en 1991— al suministrar los primeros chupachús que llegaban a la estación espacial MIR.

Pero ni el mejor caramelo, aunque tenga palo, dura para siempre y a principios del siglo XXI sobreviene la crisis en la compañía. Tras la muerte de su fundador en 2003 sus herederos se plantean un nuevo rumbo entre los que se contemplan una profunda reestructuración y la posibilidad de entrada de nuevos socios. El elegido, el gigante italiano-holandés Perfetti, que en 2006 incorpora Chupa Chups a sus empresas aportando 15.000 empleados y 1.500 millones de euros a los 1.586 trabajadores y 250 millones de euros en facturación que la compañía catalana tenía por aquel entonces.
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