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RSS | ed. impresa | Regístrate | Miércoles, 22 octubre 2014

Cultura

SOROLLA CERCANO
En el pincel de Sorolla
Los descendientes de los personajes marineros retratados por el artista en las playas de la Comunitat rescatan las historias que escapan a los lienzos

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En el pincel de Sorolla
'Playa de Valencia. Sol de mañana', de 1901. Obra de Sorolla con pescadores y 'boueros', de colección particular.
Un buen día, hace unos cien años, estuvieron en el momento indicado y en el lugar preciso y eso les valió ganarse un sitio en los lienzos de Joaquín Sorolla. No eran cortesanos, ni gente acaudalada, pero hoy su historia ha quedado ligada a los lienzos de un valenciano de fama universal y sus cuadros se subastan en las grandes galerías de arte por cifras astronómicas.

Muchos de estos personajes anónimos, arrancados de la realidad por Sorolla para convertirse en sus modelos, fueron hombres de la mar, inocentes niños y pescadoras. Todos ellos eran hijos de los poblados marineros de Valencia y unas figuras más dentro de un marco de resplandeciente luz: la playa de Valencia.

Si hoy en día mencionamos a Xima la Maresa, a Bernabé Evangelista o a Enrique el Tio Ratat el Bouero, de buen seguro que casi nadie conoce a estas personas, pero si nombramos cuadros como Después del baño, de 1902; Niños en la playa, de 1910 o Sacando la barca y las asociamos a la firma de Sorolla, puede que la cosa cambie.

Coincidiendo con el gran entusiasmo e interés que ha despertado en Valencia la exposición de los catorce sorollas de la Hispanic Society de Nueva York, LAS PROVINCIAS ha rescatado de la memoria histórica los testimonios de algunos de los descendientes de los pescadores que no escaparon de la gran paleta de colores de Sorolla.

Tres de los personajes anónimos del Cabanyal inmortalizados en 1902 en una obra de arte fueron Pilar, Xima y su hijo Viçantet, de tan sólo un año. "Un día Don Joaquín le dijo a la abuela Xima, bueno Joaquina Llorens Alabau, que quería pintar a su hijo. Ella le respondió diciendo: 'Usted sabe que en el Cabanyal, si una mujer se deja retratar por un pintor, no está bien visto'", detalla José Marqués Leiva, nieto de la abuela Xima y sobrino del entonces pequeño Viçantet.

Al final el pintor diseñó una composición que respetó el expreso deseo de Xima. "Sorolla le prometió que no se le iba a ver la cara. Le dijo: 'Mira, tú sostendrás al niño en brazos, tu hermana Pilar sujetará la sombrilla, estaréis las dos de lado y se verá al niño'", añade Marqués.


'Después del baño'
El resultado de aquella composición en la playa del Cabanyal es un cuadro titulado Después del baño, de 1902. Según se describe en el catálogo de La vida y obra de Joaquín Sorolla escrito en 1970 por Bernardino de Pantorba, este lienzo "fue adquirido en 1904, por valor de 10.000 pesetas, por Don Ignacio Bauer, de Madrid. Pasó después a la colección del Sr Correa y -según Partorba- en la década de los 70 era propiedad de Don Félix Valdés, un particular de Bilbao".

Los descendientes de Xima, Pilar y Visantet no conocían el destino del cuadro y aseguran que la primera vez que sus tías vieron "una reproducción fue después de la guerra, en un calendario. Les llamó la atención que la mujer retratada era su madre", explica Marqués.

Marqués afirma que fue su tía Amparito (hija de Xima y hermana del niño protagonista del cuadro) la que pocos años antes de morir le contó "todos los detalles y la conversación con Sorolla. Me dijo que quería que quedara constancia que aquella mujer y aquel niño del cuadro eran de la familia".

Los detalles que Amparito relató a su sobrino fueron tan precisos, que incluso le supo decir el nombre de la barca donde estaban acomodadas las mujeres. "La barca era del Tio Blanco. También me explicó que Sorolla cuando venía a pintar a la playa, en muchas ocasiones, guardaba los pinceles en una casa de lo que hoy se conoce como la calle Doctor Lluch, propiedad de Los Malagueños, que tenían parentesco con Pilar, el personaje que sale en el cuadro sujetando la sombrilla".

Aunque hay lienzos de temática similar y con nombre parecido pintados por Sorolla -algunos de ellos en Nueva York- este es especial para Marqués porque sus personajes forman parte de su árbol genealógico. De hecho, hace unos cuatro años el lienzo visitó el museo del antiguo convento del Carmen de Valencia "y toda la familia en pleno fuimos a ver la exposición", añade Marqués.

El segundo cuadro que también guarda anecdotario es el de Niños en la playa, pintado en 1910 por Sorolla. El escenario esta vez es la misma orilla del mar, donde unos niños desafían las olas.


El secreto de los niños
El niño que aparece tumbado en primer plano es Bernabé Evangelista, y en segundo término, está un niño apellidado Senent. En esta ocasión, el relato lo narra José Francisco Rams Lluch, acuarelista que compartió jornadas de pintura al aire libre con Evangelista.

Rams explica que solía quedar frecuentemente con pintores como Evangelista, Ramírez o Gisbert para pintar, "y durante un almuerzo, Bernabé Evangelista nos confesó que aquel niño rubiete que salía en ese cuadro de Sorolla era él". Una de las curiosidades asociadas al lienzo que les desveló, a modo de secreto, es que el desnudo de los niños era figurado. "Las palabras concretas de Evangelista fueron: Sorolla nos pintó con el culo al aire, pero en realidad nosotros llevábamos traje de baño", comenta aún emocionado Rams. Estos mismos niños aparecen en varios cuadros de temática infantil, pero esta obra es de 1910 y fue donada por el autor el 28 de febrero de 1919 al Museo El Prado de Madrid. En época de guerra, en diciembre de 1936, -según narra Bernardino de Pantorba- fue llevado a Valencia por orden de la Dirección General de Bellas Artes para ponerlo a salvo de los peligros de la guerra civil.

Una temática pictórica que Sorolla también destacó en los paisajes de playa fue la del regreso de las barcas a tierra firme tiradas por bueyes y la espera de las pescadoras. El pincel de este pintor consiguió inmortalizar como nadie un oficio, el de bouero, ahora ya desaparecido. "El abuelo de mi marido fue uno de los últimos bouers. Se encargaba de sacar los animales de la casa dels bous, que todavía existe, y llevarlos a la playa para sacar las barcas del mar", explica Amparo Delma. Enrique, el Tío Ratat el Bouero -llamado así por tener la cara estropeada por la viruela- y su mujer fueron pintados mientras éste regresaba de la pesca y su mujer le aguardaba en la orilla para recoger el pescado.

"Me consta que la abuela tuvo dos retratos pintados por Sorolla mucho tiempo, pero en época de hambre vendió cada uno de ellos por 200 pesetas. Yo ahora tengo 75 años, y mi marido me llevó a los 19 años a ver los cuadros a una empresa consignataria que los había adquirido. Luego creo que fueron a América", añade Amparo Delma.
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