
Raúl Oller, vecino de Cullera y de 34 años de edad, desapareció el pasado 24 de octubre tras salir de su trabajo en la empresa Óscar Mayer, en la localidad de Torrent, con su vehículo, un Suzuki de color negro.
A partir de ese momento se perdió su rastro y se inició una desesperada búsqueda por parte de sus familiares y allegados. La incertidumbre se apoderó de la familia de esta persona, nacida en Francia aunque residente en Cullera. Su mujer movió cielo y tierra en busca de Raúl.
Así, los días fueron pasando y el pasado día 29 de octubre, cinco jornadas después de su desaparición, se halló el vehículo de Raúl en la localidad de Sollana, cerca de donde ya el domingo apareció el cadáver. Ese primer hallazgo ya provocó una sensación creciente de pesimismo en sus amigos y familiares.
Aunque en lugares tan alejados de Sueca, como el aeropuerto de Valencia, se colocaron carteles para tratar de localizar a esta persona, desgraciadamente no hubo resultado alguno hasta el domingo.
Los indicios pesimistas de la familia se concretaron sobre las 14 horas del domingo cuando se halló el cuerpo sin vida en el río Júcar. Un hombre que se encontraba paseando por la zona fue quien dio la señal de alarma. El cadáver estaba sumergido parcialmente a pesar de los bloques de cemento que tenía encadenados en sus pies.
La esposa de Raúl, en manifestaciones a LAS PROVINCIAS, tenía claro desde el principio de que la desaparición no había sido voluntaria, sino que alguien había intervenido en la misma. "Él siempre llamaba a casa cuando se retrasaba por algún motivo", destacó.
En la jornada de ayer, Inmaculada aseguró desconocer qué le podía haber pasado a su marido y qué motivos habría tenido el autor o autores de su muerte, porque la Guardia Civil mantenía un mutismo absoluto a la espera de los resultados de la autopsia. Sin embargo, no se descarta la hipótesis de un suicidio, ya que en una primera inspección del cadáver no se hallaron signos aparentes de violencia. Así, el informe de los forenses será determinante para esclarecer las causas de esta extraña muerte. La familia de Raúl deberá esperar para poder disponer del cuerpo de la víctima.
En 2004 se investigó un caso similar en Torrevieja. El cadáver de un hombre apareció en el fondo del mar con una mano atada a un molde de hormigón. Parecía que se trataba de un crimen, pero finalmente los investigadores descubrieron que la víctima se suicidó.
Cadáver en una bañera
Este suceso rememora otro episodio ocurrido muy cerca de donde apareció el cadáver de Raúl. A finales del mes de abril de 2005 hallaron en una bañera el cadáver de un hombre en avanzado estado de descomposición mezclado con tierra, poliuretano (masa de solidificar usada en construcción), cuerdas, algas, fango y trozos de plástico. El recipiente estaba parcialmente sumergido en una acequia situada cerca de la zona del Faro de Cullera.
El escaso caudal de la acequia del Cano es lo que detuvo el ataúd flotante junto a unas piedras que forman la pared del canal. La bañera llevaba alrededor de un mes flotando en el agua. Los restos fueron descubiertos por un agricultor junto al hotel Safi.
Tras una ardua investigación, el Grupo de Homicidios de la Guardia Civil de Valencia identificó al hombre y descubrió que fue asesinado por una organización criminal cuyos integrantes huyeron a Francia.
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