En los últimos diez años la violencia de todo tipo perpetrada por menores se ha reducido en torno al cinco por ciento, aunque en el caso de la violencia ejercida contra los propios padres ha habido un importante incremento y en algunas comunidades autónomas el número de casos se ha multiplicado por diez.
Así se puso hoy de manifiesto durante el seminario "Menores y situaciones de riesgo. Desamparo, violencia y adicciones", que se celebra hasta mañana en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) de Valencia y en la que expertos en esta cuestión analizan los factores y condiciones que empujan a los menores a llevar a cabo conductas de riesgo.
El criminólogo y profesor de Teoría de la Educación de la Universitat de Valencia Vicente Garrido ha destacado que en los últimos años ha habido un importante aumento de los casos de violencia de menores contra sus padres, lo que a su juicio es debido a que los hijos ya no tienen ciertos controles o inhibiciones que antes sí tenían.
"Estos menores consideran que su casa ya no es ese lugar de gran restricción y tienen posibilidad, que antes no tenían, de exhibir la violencia, tanto hacia los padres como hacia los maestros, sin que haya esa condena que antes sí existía", ha afirmado Garrido.
Según Garrido, que ha pronunciado la conferencia "Violencia en la familia: los hijos tiranos", en los años 90 y en lo que llevamos de siglo XXI "ha habido más casos de agresiones con muerte a los padres que desde la segunda guerra mundial en el siglo XX en España".
Este especialista en criminología ha explicado que los menores que son violentos con sus padres tienen problemas a la hora de establecer afectos y no temen los castigos, y además se dan cuenta de que tienen "mayor capacidad para llevar a cabo esos hechos sin recibir sanciones".
A su juicio, "no es que hayan nacido en una generación genéticamente más predispuesta, lo que ha cambiado es la inhibición. Hace 20 años no podías levantarle la voz a tu madre o dirigirte de una manera soez a tu profesor, y ahora eso no tiene importancia".
Garrido ha considerado necesario fijar, de manera sistemática, un proceso de educación que establezca el compromiso moral como una meta en esos jóvenes, ya que aunque hay mucho interés por la educación formal en la escuela "pocos padres se preocupan de verdad por preguntarse cómo quieren que sea moralmente su hijo".
La violencia, según el experto, tiene "dos grandes efectos" para el sujeto que la lleva a cabo: "eleva su autoestima y pocas veces se siente uno más embriagado de poder que cuando es violento y domina a otra persona" y "ayuda a solucionar los problemas de manera inmediata".
Por su parte, el director del Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia, José Sanmartín, ha asegurado que detrás de un acosador escolar "hay unos padres que no han sabido educar, no porque hayan sido autoritarios, sino porque han sido negligentes y permisivos al pensar que era mejor no poner límites a la conducta de su hijo".
Sanmartín, que ha pronunciado la conferencia "Violencia en los centros escolares: ¿que sucede en las aulas?", ha recordado que ocho de cada diez estudiantes entre los 12 y los 16 años en España ha presenciado algún acto de violencia en la escuela, normalmente malas miradas o insultos.
No obstante, ha destacado que la violencia escolar "en su forma extrema, reiterada e intimidatoria, que causa graves problemas y un acoso", la sufren tres de cada cien escolares de entre 12 y 14 años de edad.