Visita al palacio de Calatayud

Una de las estancias con pavimento Nolla. / lp
Una de las estancias con pavimento Nolla. / lp

La reforma del inmueble ha sacado a la luz piezas de mosaico en tres plantas, ocultas bajo una capa de gres y otra de suelo laminado El público podrá acceder al edificio de la calle Micalet para ver la cerámica Nolla

I. D.

valencia. La reforma del palacio de Calatayud que impulsa la Conselleria de Hacienda no para de deparar sorpresas a los técnicos y arqueólogos que realizan los trabajos en este inmueble de la Generalitat situado en la calle Micalet y que albergó durante años la sede de los departamentos de Justicia y de Transparencia.

Así, si hace unas semanas se comunicaba el hallazgo de un muro de época romana, en esta ocasión han sido piezas de mosaico Nolla, que cubren 414 metros cuadrados de varias estancias nobles de este edificio de principios del siglo XX. Una superficie mayor que la que se conserva en el Ayuntamiento de Valencia, lo que ha llevado a la conselleria a adoptar la decisión de rehabilitar y hacer visitable el palacio de Calatayud.

Lo hará mediante itinerarios adaptados y accesibles al público durante determinados días al año, ya que el edificio tendrá uso administrativo, según confirmaron ayer fuentes de la conselleria que dirige Vicent Soler.

Los suelos revestidos de pavimento Nolla estaban ocultos bajo una capa de gres de color gris y otra de suelo laminado, que se superpusieron a lo largo de los años. Una vez retirados estos dos recubrimientos, aparecieron las pequeñas piezas de mosaico que están repartidas entre el entresuelo (55 metros cuadrados), planta primera (198 metros cuadrados) y planta segunda (161 metros).

Los mosaicos, de gran riqueza cromática, se encuentran en diferente estado de conservación, aunque la mayoría está cubierto del pegamento empleado para la instalación de los suelos. Por ello, se retirará y se pulirán las piezas Nolla para su recuperación.

El descubrimiento del conjunto de pavimento Nolla, que llegó a España procedente de Inglaterra en el siglo XIX -a cargo de Miguel Nolla, tatarabuelo de Rita Barberá-, se une a la aparición de una pequeña capilla con forma de oratorio recubierto de madera y seda, que estaba tapiada y está ubicada en uno de los despachos principales. También apareció un tesorillo de 12 monedas del siglo XIV y el antiguo horno de los Apóstoles, que da nombre a la calle contigua a este edificio.

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