Velluters inicia una campaña de protestas por la subida de la prostitución y tráfico de drogas

Algunas de las pancartas colocadas en los balcones.
Algunas de las pancartas colocadas en los balcones. / AA.VV. La Boatella

Los residentes de Juan de Vilarrasa llenan la plaza de pancartas donde exigen más limpieza y patrullas policiales ante la inseguridad ciudadana

Paco Moreno
PACO MORENOValencia

Una de las plazas más singulares del centro histórico, a la sombra de la imponente cúpula de la iglesia de las Escuelas Pías y un tiro de piedra del mercado Central, está decorada estos días con pancartas en los balcones donde los vecinos reclaman algo en apariencia sencillo: un espacio limpio, verde y seguro, algo difícil de conseguir por el aumento de la prostitución callejera y el tráfico de drogas.

A cualquier hora del día, como recordó ayer Manuel, uno de los vecinos. «Por la mañana, a plena luz del día, había una prostituta practicando sexo con un cliente. Un hombre que estaba con sus hijos en el jardín les llamó la atención y cuando se fueron dimos la descripción a la policía cuando pasó la patrulla». La ordenanza sanciona con una multa grave incluso sólo la petición de servicios sexuales a una prostituta, lo que se justifica además en este caso por la cercanía de un parque con juegos infantiles.

Es sólo un ejemplo y Nuria, otra de las vecinas, recuerda que en las cercanías, entre la plaza Viriato y la calle Tejedores, hay un edificio de la Generalitat ocupado ilegalmente. «Vienen a la fuente a lavarse», comenta. Unas fuentes que por cierto están pendientes de restauración desde hace mucho tiempo.

La asociación de vecinos El Palleter pone el acento en el aumento del tráfico de drogas. «Esta mañana cuando he salido a la calle me he encontrado a una mujer drogándose en la entrada del garaje, a las ocho de la mañana», precisa María José Volta, secretaria de la asociación vecinal El Palleter.

Para esta persona sí que hay colaboración policial, aunque la realidad es que faltan agentes. Cita como ejemplo lo ocurrido hace poco en un solar de la calle Guillem Sorolla, donde entraron un grupo de indigentes para habilitar unas chabolas precarias. «Dimos el aviso y los desalojaron enseguida. Incluso han puesto una cadena cuando rompieron la que había», comenta.

Los vecinos piden más firmeza en la aplicación de las multas a los clientes

Otra cuestión es la suciedad que se genera por todo este cúmulo de situaciones. «Las ratas campan a sus anchas», considera uno de los vecinos promotores de las pancartas. Es un paso más en la recuperación de la calle, donde ya han celebrado cenas de sobaquillo para recuperar la identidad del barrio por encima de la prostitución callejera y las drogas.

La ordenanza contra los clientes de las meretrices nació precisamente por lo que ocurría en Velluters. Años después, esta actividad ha vuelto a repuntar a juicio de los vecinos, que piden más firmeza en la aplicación de las multas a los clientes, principalmente en las escasas zonas verdes del barrio. Los residentes no descartan más acciones como la realizada con las pancartas.

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