Una vecina del Canyamelar: «Vivo sitiada por la chatarra»

Una vecina del Canyamelar: «Vivo sitiada por la chatarra»

La joven denuncia el desguace y acopio de basura en dos pisos y asegura que no quiere abandonar la casa que construyó su bisabuelo por culpa del incivismo de unos inquilinos

Lola Soriano
LOLA SORIANO

Mara es una joven del Canyamelar y le gusta explicar que las raíces de su familia están desde toda la vida en el barrio. De hecho, vive en la finca que levantó su bisabuelo hace décadas con mucho esfuerzo. «Mi abuela era Amparo 'la fustereta' y tenía el comercio en la planta baja». Se le iluminan los ojos cuando habla de sus vivencias en calles como Progreso, José Benlliure y Rosario o cuando hace un repaso a los comercios históricos, pero la cara se transforma en pena cuando se refiere a la complicada situación que está viviendo en casa. «Vivo sitiada por la chatarra y la basura».

Esta joven maestra detalla que en la finca que antaño fue familiar ahora residen como inquilinos, en un piso superior y otro inferior, personas que acumulan chatarra y basura, tanto en el interior de las viviendas, como en las zonas comunes.

«Muchas veces cuando salgo de casa me toca ir apartando los trastos que dejan en las zonas comunes y tirarlos a la basura. Es imposible convivir de esta manera», indica.

En más de una ocasión ha transmitido el problema a los propietarios de ambos pisos que alquilan sus propiedades, pero desde 2012 hasta ahora no han tomado cartas en el asunto para solucionar el tema.

Gómez: «El barrio progresa pero queda mucho por hacer»

La portavoz del gobierno municipal, Sandra Gómez, aseguró ayer que decir que «el barrio progresa adecuadamente, aunque quedan muchas cuestiones pendientes de resolver. Lo importante es que nosotros tenemos marcada una hoja de ruta, es decir, vemos los problemas y actuamos». De esta manera contestó a la petición de la asociación de vecinos del Cabanyal, que un día antes había pedido «celeridad» en las obras al gobierno municipal. La edil citó como ejemplo la aprobación ayer mismo de la reurbanización de tres calles (Barraca, Reina y Doctor Lluch) en el tramo por donde debía pasar la prolongación de la avenida Blasco Ibáñez. La intervención se hará a cargo del Plan Confianza y completará la renovación de servicios en los tres ejes.

«En el último piso se pasan todo el día subiendo bolsas de basura y chatarra. Además, se ponen a desguazar los metales dentro del piso y el ruido es insoportable», describe Mara. En algunas ocasiones ha llegado a contar a diecisiete personas que pernoctan en un mismo piso de sesenta metros y «los problemas son constantes. Se hablan a gritos, las baldosas del suelo están sueltas y se oye todo y el otro día hasta tenía una gotera en mi baño».

También argumenta que «como les han precintado el gas, han hecho un agujero en la fachada para anclar un termo eléctrico». En el piso inferior al suyo hacen acopio de basura durante días. «A la finca viene mucha gente a traer bolsas con cosas que extraen de la basura».

La inquilina de una plaza del garaje de la finca confirma el calvario de Mara. «Por el deslunado que hay en la finca lanzan desde huesos de pollo, hasta gafas y tiran por el retrete ropa y trapos y cada dos por tres nos toca llamar a una cuba para que eliminen el atasco».

Los aparcabicis que existen en la calle a unos pasos de la finca «están llenos de bicicletas con cajones para transportar la chatarra y de carritos de bebé con cajas de cartón y hay veces que no se puede casi ni pasar por la acera. Por eso, los vecinos de alrededor están recogiendo firmas para que se ponga orden y decoro», añaden las dos mujeres.

Mara asegura que necesita ayuda para que alguien ponga orden. «No es normal que haya chatarrerías ilegales y almacenes de basura dentro de casas. De vez en cuando me toca llamar para que fumiguen. Yo no me quiero ir de mi casa ni quiero pensar que es para que me canse y me vaya, pero esto no se puede aguantar más», indica.

En otro punto del Cabanyal, concretamente en la Sociedad Musical Poblados Marítimos, también explican que sufren problemas de convivencia. «Los alumnos tienen que ensayar en la sede y alrededor siempre hay hasta plena noche ciertas personas armando jaleo, peleándose o chillando entre la calle Pescadores y Escalante. Ya llevamos mucho tiempo de padecimiento», indica el presidente Domingo Carles.

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