Casi una treintena de líneas de la EMT circulan con retraso por los atascos de tráfico

Dos autobuses intentan circular entre un atasco, ayer en Valencia. / Irene Marsilla
Dos autobuses intentan circular entre un atasco, ayer en Valencia. / Irene Marsilla

El aumento de los embotellamientos obliga a los buses a rodar más lentos de lo que deberían para cumplir con las frecuencias de paso

ÁLEX SERRANO Valencia

Un análisis cuidadoso de los datos de explotación de la Empresa Municipal de Transporte (EMT) desvela una realidad preocupante. Según el Plan de Movilidad Urbana Sostenible realizado por el Ayuntamiento de Valencia casi uno de cada cuatro desplazamientos en la ciudad se hacen en transporte público. Pues bien, con los datos de octubre de 2017, los últimos disponibles, la mitad de las líneas de la EMT circulan por las calles de Valencia con retraso y a velocidades que provocan problemas en las frecuencias.

Según el informe mensual elaborado por la empresa, la realidad es que 29 de las 57 líneas de la EMT circulan por debajo de la velocidad media estimada por el área de operaciones. Esa velocidad es la que desde la empresa creen que se debe mantener en pleno viaje para cumplir las frecuencias marcadas para cada una de las líneas. Lo cierto es que esos retrasos en las velocidades medias podrían parecer inapreciables. Por ejemplo, la línea 1 debería circular a 13,02 kilómetros por hora de media y en octubre rodó a 12,99. Sin embargo, ese retraso, según comentan fuentes conocedoras del funcionamiento interno de la empresa, pueden suponer importantes desajustes en las frecuencias y, por tanto, esperas más largas en las paradas.

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La razón de estos retrasos se encuentra, principalmente, en la misma calle. Tal como han alertado en muchas ocasiones y siempre que pueden hacerlo los sindicatos de trabajadores de la EMT, las modificaciones al viario instauradas por toda la ciudad afectan al discurrir de los autobuses por Valencia. Las calles con carriles bus segregados mediante separadores, como Colón o Matías Perelló, han permitido que las líneas que discurren por esas vías cumplan mejor las frecuencias... aunque circulan más lento. Así lo desvelan los datos: por Colón pasan las líneas 5, 32 y 81, y por Matías Perelló, la 15 y la 90. Todas ellas circulan más lentamente, aunque desde la EMT insisten en que la frecuencia ha mejorado en esas calles segregadas un 14%.

Una de cada tres líneas tiene que acelerar para llegar a las paradas en el tiempo establecido

Estos atascos tienen otro efecto secundario: una de cada tres líneas circula por encima de la velocidad estimada, lo que significa que los autobuses tienen que acelerar para cumplir las frecuencias o, al menos, acercarse a las marcadas en los cuadros de servicio, con el consiguiente estrés para los conductores y los problemas derivados del mismo. En total, 19 de las 57 líneas diurnas han de acelerar en las calles. Estos datos también demuestran que únicamente un 15,7% del total de los trayectos ruedan a la velocidad que marca la empresa.

¿Quiere eso decir que todas las líneas que circulan más lento lleguen más tarde a las paradas que las que aceleran o cumplen con la velocidad que señala la EMT? No. Expertos en el funcionamiento interno de la empresa explican que todo depende de la longitud de las líneas: cuanto más larga sea el trayecto, más posibilidad hay de que haya problemas en el recorrido que afecten a la frecuencia y, además, más posibilidades hay de cumplir con los tiempos marcados mediante cambios en la velocidad del autobús, siempre dentro de los límites que marca el código de circulación.

Cabe recordar, en este punto, que la EMT pondrá en marcha el mes que viene varias líneas de largo recorrido, de alrededor de 20 kilómetros, que no cuentan con informes preceptivos de las distintas áreas de la EMT, según denuncian los sindicatos de la empresa, a dos semanas de su puesta en marcha.

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