Los robos y el vandalismo se ceban con 37 edificios municipales en un año

Pintadas en carteles informativos en el centro de Valencia. /
Pintadas en carteles informativos en el centro de Valencia.

Colegios, bibliotecas, cementerios y hasta el soporte de los bandos de la ciudad son víctimas de los destrozos

PACO MORENO Valencia

La seguridad de los edificios municipales se ha visto cuestionada en el arranque de este año por el incendio intencionado que calcinó una zona de la fachada de las torres de Quart, aunque es algo que sucede por desgracia con cierta frecuencia. El Ayuntamiento de Valencia registró el pasado ejercicio un total de 37 actos de vandalismo y robos en edificios municipales, muchos dotados con cámaras de vigilancia.

Esta última circunstancia no ha servido para reducir una lacra similar a la acaecida en 2016, a tenor de la respuesta dada por la delegación de Gobierno Interior a la concejal de Ciudadanos María Dolores Jiménez. En aquella ocasión fueron 39 los casos, con «víctimas» similares al tratarse de bibliotecas, mercados, cementerios, alquerías y hasta el soporte de los bandos que se cuelgan en la fachada del Consistorio.

La concejal reclamó que, a la vista de este balance, se refuerce la vigilancia sobre todo en aquellos lugares con mayor afluencia de público. De los 37 destrozos del pasado ejercicio, aparecen en el listado la alquería de Canet, un inmueble rural situado en el interior del jardín de Viveros y donde tuvieron que repararse los baños públicos.

En contexto

Más preocupante fue lo ocurrido en la alquería de Barrinto, actualmente una biblioteca municipal, y considerada una de las construcciones de este tipo más valiosas de la ciudad. Enclavada en el parque de Marxalenes, el registro indica la reparación de cristales rotos por un acto de vandalismo, aunque también han aparecido pintadas en la fachada en varias ocasiones.

La falta de civismo no se detiene ni en los parques de Bomberos. Es lo que ocurrió en el retén del Parque Oeste, en la calle Músico Ayllón, cerrado desde finales del anterior mandato por la escasez de plantilla. En este caso, la concejalía de Gobierno Interior entregó un «informe y valoración económica de los daños ocasionados en las dependencias por actos vandálicos», se indica.

La concejal de Protección Ciudadana, Anaïs Menguzzato, presentó hace meses un proyecto de reordenación de los recursos de Bomberos, que incluía la reapertura del Parque Oeste y la transformación del situado en Ciutat Vella en un centro de mando. Desde entonces no se han producido avances y la concejal Jiménez denunció el pasado octubre el cierre temporal de algunas instalaciones por falta de plantilla en los turnos.

Efectos del último incendio en las torres de Quart. / M. Molines / LP

La relación de daños prosigue como si fuera un parte de guerra. La bibliomar situada en la playa de Pinedo sufrió la rotura de una ventana, mientras que la Constantí Llombart tuvo que cerrar los baños al quedar embozados por otro acto vandálico acaecido en el recinto.

Más sorprendente si cabe es lo sucedido en el Ayuntamiento, donde dos carteles de sendos bandos acabaron arrancados y tirados por el suelo. La Casa Consistorial pasa por ser la más segura de las instalaciones municipales, sobre todo por el refuerzo policial tras la apertura al público del balcón.

Hasta cuatro veces aparece el centro de avifauna de Nazaret, donde los robos de animales se convirtieron en una constante el pasado año. La concejal de Bienestar Animal, Glòria Tello, aseguró que las cámaras de vigilancia eran simuladas y no estaban conectadas, lo que explica en parte la rotura de la verja metálica en todas las ocasiones.

Los colegios son los que predominan en lo acaecido el pasado año. En el Santiago Calatrava de Benimàmet hubo destrozos por un intento de robo en un aula, mientras que en el Gaspar Gil Polo, ubicado en el barrio de la Esperanza, se produjo un incendio en el patio de recreo, mobiliario incluido.

Los mercados municipales también son víctimas propiciatorias de este fenómeno. En Nazaret arrancaron sendas puertas metálicas y en otra ocasión fue un intento de robo lo que motivaron las reparaciones. De igual notoriedad fue lo sucedido en el Museo de Historia de Valencia, en el barrio de Arniches, donde se repusieron focos sustraídos por los cacos.

Ni siquiera los túneles se libran. Ya se ha convertido en una costumbre lo de hacer grafitis en los pasos inferiores, aunque lo sucedido en el de Tres Forques-Ros Casares fue más grave. Los bomberos tuvieron que acudir a sofocar las llamas del incendio registrado en una sala técnica y también se tuvieron que sustituir luminarias destrozadas, que dejaban la calzada casi a oscuras.

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