La reforma de aceras del barrio del Cabanyal de Valencia desata quejas de comercios y vecinos

 Obras. Calle de la Barraca, en el Cabanyal, con espacio muy justo para coches y aceras de 5, 7 y 8 metros.
Obras. Calle de la Barraca, en el Cabanyal, con espacio muy justo para coches y aceras de 5, 7 y 8 metros. / Jesús Signes

Los residentes aseguran que los pavimentos de cinco metros en la calle de la Reina y hasta ocho en Barraca son exagerados y generarán problemas de tráfico

LOLA SORIANO VALENCIA.

Las obras de reurbanización de las calles principales del Cabanyal-Canyamelar empiezan a tomar forma y los vecinos y comerciantes de la zona ya aseguran que están viendo el nuevo trazado con sorpresa y también con incredulidad. Los residentes no entienden cómo se han realizado unas aceras tan anchas y aseguran que están estrangulando el tráfico rodado por los ejes vitales del barrio.

Algunos residentes ayer, con un metro en la mano, midieron el ancho de los nuevos pavimentos y comprobaron que en la calle de la Reina, la zona peatonal alcanzaba los 4,65 metros. «Estará quedando todo lo bonito que quieran, pero no son nada prácticas unas aceras tan amplias. No viene por estas calles tanta gente como para tener semejantes aceras. Esto no es la calle Colón», indicó Ana Vázquez. Esta joven que trabaja en una farmacia explica que «la obra que han hecho no es práctica para el barrio. Han quitado bastante aparcamiento para los vehículos. Como la gente no encuentra dónde dejarlo, al final pasan de largo y esto ya ha empezado a notarse en la venta, que se ha resentido mucho».

Otro residente del Canyamelar, Víctor Alborch, no duda en apuntar que «la amplitud que han hecho de las aceras es desmesurada y totalmente innecesaria. Si en la calle de la Reina las aceras son grandes, hay que pasar a ver cómo las que han hecho en la calle de la Barraca, porque ha sido una decisión inapropiada y exagerada». Y es que en la calle de la Barraca hay tramos que miden 5,54 metros; otros 7,94 e incluso antes de llegar al cruce de la avenida Mediterráneo alcanzan los 8,18 metros, si se suma la parte reservada al peatón y los amplios espacios que se han destinado a los alcorques con el fin de que las palmeras o árboles tengan sitio suficiente para desarrollarse. De hecho, se han creado alcorques rectangulares que albergan a varios ejemplares, no a un solo árbol como se podía ver antes en algunos tramos de la calle. Estas medidas contrastan con la amplitud de las aceras que había antes de la reforma en la calle de la Barraca, ya que entonces había tramos de 2 y 2,5 metros.

Tras la reforma, en la calle de la Barraca la zona destinada al paso de vehículos se ha quedado en 2,83 metros, y se aparcará en batería y en la calle de la Reina se pasará de tres carriles a uno para el tráfico y otro para la EMT. «Pienso que es muy justo para el paso de coches. Veremos si acaba generando atascos y más ruido. Se han equivocado», indica Reme Peris, residente en el Canyamelar.

Muchos de los vecinos y comerciantes incluso argumentan que las obras avanzan muy despacio y están afectando de forma sangrante a la economía de los comercios. Una de las comerciantes que mejor describe lo que están viviendo es Sonia Calatayud, propietaria de una tienda de fruta selecta. «En el tramo próximo al Ateneo Marítimo habrán estado dos meses y medio de obras y lo hemos notado en los comercios porque no entraba casi gente. La gente mayor del barrio veía que había mucha dificultad para acceder a nuestras tiendas y preferían no venir». Por eso, afirma que «casi todos los días nos ha tocado tirar género porque es perecedero y la gente no ha venido a comprar». Ante esta situación, añade que «a mí al menos me han descapitalizado. El Ayuntamiento de Valencia debería compensarnos de algún modo bajándonos los impuestos de estos meses que hemos estado sufriendo las obras. Además, deberían de poner más operarios para que la cosa avanzara más porque esto se eterniza».

Enrico Miracoli, de la cafetería Lagun, también opina que la amplitud de la acera de la calle de la Barraca «es exagerada. No lo puedo entender». Tanto Miracoli como francisca Sáez, propietaria de otra cafetería, coinciden en señalar que «la gente antes paraba con el coche a tomar un café o un aperitivo, ahora como no encuentran sitio, pasan de largo». Sáez no duda en señalar que había «cosas más importantes que hacer, como por ejemplo, intervenir en la zona cero del barrio porque está muy degradada».

Falta de aparcamientos

Otra de las consecuencias que señalan los residentes es la importante eliminación de aparcamientos. Víctor Alborch critica la escasez de plazas para los coches «en un barrio donde hay muchas fincas antiguas que no tienen parking propio. Me gustaría saber si se han preguntado qué van a hacer los residentes a partir de ahora».

Otra comerciante, Ana Ballesteros, explica que ya está habiendo unas primeras consecuencias y es que «la gente, como no encuentra sitio, sube el coche a las calles peatonales». En estas obras, además, se han eliminado algunos tramos para la circulación de coches ya que en la travesía de Amparo Guillén, entre Reina y Barraca, ya no pueden pasar coches y lo mismo ocurre en Amparo Guillem con la calle de la Barraca. «Yo creo que lo que quieren es que la gente no coja el coche o desviar el tráfico por Los Naranjos o la avenida del Puerto», añade Antonio García.

En cambio, desde el colectivo de comerciantes del Marítimo Acipmar, su presidente, Paco Ortega valoró ayer la ampliación de las aceras. «Pienso que la gente optará más pos pasear y se incentivarán las compras. A pesar de ello, recuerda que «estaba el compromiso de hacer aparcamientos para suplir la falta de plazas en solares como el de Ruiz Jarabo y no se ha hecho todavía. Y en el solar próximo al paseo de Neptuno sólo han habilitado parte y los fines de semana se quedan los vecinos sin sitio por la gente que va a la playa».

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