Las zonas con más ruido de Valencia

Botellón, terrazas y tráfico son las principales quejas vecinales por el bullicio

ISABEL DOMINGO

«El ruido es un vecino más». Así resume Miguel Cuenca su odisea frente al ruido de la plaza Xúquer, donde reside, que le llevó a plantar batalla contra los excesos de los bares y discotecas y elevar su caso hasta el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo. A mediados de enero, y tras veinte años de arrancar esa lucha, la justicia le ha dado la razón y condena a España por la vulneración de sus derechos y por la afección que tuvo el ruido nocturno sobre su salud.

La sentencia, la segunda de este tipo que afecta a Valencia, pone sobre la mesa la problemática del ruido en el cap i casal, donde el botellón, la proliferación de terrazas, los colapsos de tráfico o los alojamientos turísticos ilegales son los principales puntos negros enumerados por los vecinos. Pero también por el Síndic de Greuges, que de hecho ha iniciado una investigación de oficio sobre la contaminación acústica generada por el ocio nocturno (bares, discotecas, terrazas y botellón) en la ciudad de Valencia.

El año pasado, por ejemplo, la institución tramitó más de 450 quejas por este tema en la capital del Turia de las 804 recibidas de toda la Comunitat. La mayoría, procedentes de Ruzafa, donde la asociación Russafa Descansa inició una recogida de firmas para instar a que el barrio se declare como zona ZAS (zona acústicamente saturada). «Tenemos todo el cóctel acústico», señala un portavoz de este colectivo, Josep Martín, en referencia al botellón, las despedidas de solteros, los alojamientos ilegales y las terrazas que ocupan más del espacio permitido.

También lamenta, la sentencia, la inoperancia de las sanciones administrativas, que llegan tarde. «El sector hostelero no tiene la mínima capacidad de autorregulación y no hay voluntad política de regularlo y hacer cumplir las ordenanzas municipales», destaca Martín. En este sentido, en la comisión de terrazas celebrada esta semana, con presencia de Concejalía de Espacio Público, hosteleros, vecinos y policía, las demoras en el servicio de procedimiento sancionador (vía pública, aforos, horarios, etc.) fue uno de los temas en los que se reclamó una solución con urgencia.

Ese «acoso acústico» que apuntan desde Russafa Descansa ha quedado reflejado en el mapa del ruido de 2017, hecho público ayer por el Ayuntamiento de Valencia. De hecho, aunque el estudio sobre la contaminación acústica no aborda «emisores acústicos propios de las actividades domésticas, el comportamiento vecinal, la actividad laboral, etc.», sí que refleja que uno de cada cuatro vecinos del cap i casal padece exceso de ruido por la noche. Es decir, hay 204.100 residentes que sufren en horario nocturno (de 23.00 a 07.00 horas) molestias acústicas por encima de lo marcado por los organismos internacionales.

Una de las terrazas de la ciudad.
Una de las terrazas de la ciudad. / J. Signes

La ordenanza municipal fija en 55 decibelios el nivel de ruido máximo en zonas residenciales por el día, mientras que se reduce a 45 por la noche. En zonas terciarias (concentración de servicios), el nivel se sitúa en los 65 por el día y la tarde y los 55 para la franja nocturna.

El mapa del ruido sí que recoge el tráfico rodado, donde el 21% de la población está expuesta a ruidos por encima de los 65 decibelios (el nivel en la escala de mediación pasa a un color naranja) a lo largo del día. En la plaza del Ayuntamiento, el nivel ronda los 64 decibelios. Especialmente conflictivos son los puntos en los que habitualmente se registran atascos, como los accesos a Valencia (avenidas del Cid o Cataluña) o las principales avenidas (ronda norte, grandes vías), además de calles donde se generan atascos tras las últimas intervenciones de la concejalía de Movilidad, como Xàtiva, Guillem de Castro o Colón (en estas dos últimas, por ejemplo, se superan los 80 decibelios).

Terrazas en aumento

El tráfico es, además, uno de los problemas señalados por la Federación de Asociaciones de Vecinos tras conocerse la sentencia de Estrasburgo. «Los principales focos de ruidos siguen siendo el botellón y las terrazas, especialmente en las zonas de ocio donde existe una alta concentración de las mismas. También el tráfico rodado que además en los últimos años está aumentando y causando problemas de atascos», señalaba la presidenta de la entidad, María José Broseta. «Valencia es una ciudad ruidosa», añadía.

También el informe de reclamaciones que publica el Consistorio recoge quejas por tráfico en el último documento publicado, correspondiente al periodo 16 de octubre-15 noviembre. En total, 47 escritos con temas como el tráfico, botellón, mesas y sillas, aire acondicionado o molestias entre particulares.

Las calles Guillem de Castro o Colón superan los 80 decibeloos por la intensidad del tráfico

Para la concejal del grupo popular, Lourdes Bernal, la situación que sufren los vecinos es «de desespero». A su juicio, este gobierno no está haciendo nada. Estábamos en el comité técnico del aeropuerto y la concejalía de Pilar Soriano lo ha dejado aunque hay barrios que protestan por el ruido de los aviones. No se hacen campañas de concienciación sobre contaminación acústica y así un largo etcétera».

Esa «pasividad municipal» también ha sido criticada por el Síndic de Greuges en sus resoluciones, donde recuerda que los efectos perjudiciales para la salud provocados por el ruido pueden generar la responsabilidad patrimonial y, por tanto, el pago de indemnizaciones. Asimismo, el defensor del pueblo valenciano instaba a todas las administraciones a actuar frente a la vulneración de derechos de los ciudadanos por las molestias del ruido.

El Ayuntamiento recibió 47 quejas en un mes por los principales problemas de ruido

Unas molestias por botellón, extendido ya por toda la ciudad como apuntan desde la Federación de Vecinos, a las que se suma «la sobreocupación de la vía pública por parte de las terrazas, con zonas donde la concentración es excesiva», como apunta el presidente de Amics del Carme, Toni Cassola. Plazas del Negrito o del Tossal o calles como Calatrava o Corregería son algunos ejemplos de un barrio en el que se tramita la declaración de ZAS.

Sobre el 'boom' de las terrazas, uno de los puntos negros del ruido, hace unos días, el concejal de Espacio Público, Carlos Galiana, a reducir hasta en un 30% su superfice en puntos muy masificados en El Carmen, Ruzafa o el Cedro. Donde se actuará ya es en el Palmar.

Mientras, la Federación de Hostelería de la Provincia de Valencia, reclama la elaboración de un plan de ocio «que aborde todos los aspectos y que permita establecer cómo intervenir en las zonas en las que surjan problemas y que vaya ligado al modelo turístico de ciudad», afirma el secretario, Rafael Ferrando.

Los hosteleros también reclaman más control sobre el botellón y más inspecciones. «Es competencia desleal y criminaliza al hostelero que cumple con la normativa», recuerda. También muestra su preocupación por los apartamentos turísticos, otro foco de ruido en auge.

Botellón Del bulevar sur al antiguo cauce del río

El Jardín del Turia se ha convertido en punto de concentración para practicar botellón y evitar así el control policial en barrios como Benimaclet, donde prácticamente ha desaparecido del casco histórico. Abastos, Patraix, el Marítimo, plaza España o el bulevar sur (a la altura de la calle San Vicente) son algunos de los puntos negros denunciados por vecinos, ya que la Policía Local no ha facilitado información sobre los controles que realiza. En este último barrio, también alertan de la presencia de jóvenes con patines a altas horas de la madrugada para recoger los restos de botellas de alcohol.

Terrazas Benimaclet pide que se ponga freno

Comerciantes y vecinos de este barrio insisten en que se ponga freno a la proliferación de bares, restaurantes y cafeterías antes de que se den situaciones límite como en las vividas en la plaza Xúquer, Ruzafa, Menéndez Pelayo (antigua zona de Woody) o Juan Llorens. «Tiene que haber un equilibrio para permitir el descanso de los residentes», explica el portavoz de la asociación vecinal, Francisco Guardeño. Y es que casi todos los pequeños comercios que cierran se transforman en locales de restauración. Patraix, Cabanyal, Ruzafa o el Carmen cuentan también con esta problemática.

Tráfico Atascos y obras que superan el límite

El tráfico rodado es uno de los focos de contaminación acústica que se analiza en el mapa del ruido de 2017. Aunque el Consistorio ha realizado una seria de actuaciones para reducir su impacto (peatonalización de algunos entornos o pavimentos fonoabsorbentes en la reurbanización de calles), la combinación de circulación densa con obras sitúa las mediaciones cerca de los 90 decibelios en algunas calles. En Marqués del Turia, por ejemplo, con los tres carriles completos en hora punta los audiómetros rozan los 83 decibelios. Una situación similar se da en accesos como la avenida del Cid.

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