La plaza de la Reina abre el debate

Javier Domínguez Arquitecto

Intervenir en la plaza es una necesidad. Pero sobre todo una oportunidad para instaurar un urbanismo participativo que no menosprecie problemas funcionales reales de sus habitantes (movilidad, sostenibilidad, accesibilidad) en favor de un nuevo icono o de una imagen potente.

Los ciudadanos deben poder elegir entre construir «una ciudad para ser vista» primando el voyeurismo turístico y «una ciudad amable para ser vivida». El principal papel simbólico asociado a las plazas es el de ser ámbitos de convivencia para la libertad y la democracia. Deben prevalecer como foros cívicos y resultan esenciales como memoria histórica del lugar.

Al margen de la propuesta arquitectónica de recuperar espacio público para el peatón y la recualificación paisajística del entorno es necesario un cambio de paradigma urbanístico. Ciutat Vella requiere un proyecto colectivo con una visión global y respuestas en tráfico (EMT, taxis), arbolado, mobiliario urbano (alumbrado, terrazas) y recorridos arqueológicos.

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