La muralla de Valencia

Los restos de la fortificación cuentan más de mil años de historia de la ciudad

Una maqueta de la ciudad amurallada que se encuentra en el MuVIM. / Á.G.D.
ÁLVARO G. DEVÍS Valencia

La muralla de Valencia podría contar más de mil años de historia de la ciudad. Tres han sido las construcciones que han ido rodeando la antigua urbe que quedaban pequeñas por el desarrollo natural de la ciudad. Hace 152 años se derribaron diez de las doce puertas que se quedaban en pie por problemas de salubridad, entre otros motivos.

Hace tan sólo unos días, la Conselleria de Hacienda halló, en el Palacio de Calatayud, el mayor muro de época romana hallado en Valencia, edificios islámicos y el antiguo trazado de la calle Micalet. Un descubrimiento más que notable, ya que no se conservan casi restos de épocas tan anteriores en toda la ciudad.

De esa ciudad del pasado siguen quedando algunos fragmentos repartidos por toda la urbe. Algunos, muy bien conservados, se han convertido en atractivos turísticos, como son las Torres de Serranos y de Quart, o las guardadas en diferentes galerías. Otras han quedado en el olvido, mimetizadas en la ciudad, sin mayor atención que la de los curiosos informados.

La muralla romana La huella desaparecida

Del pasado romano de Valencia no se conservan prácticamente restos, con la excepción del Museo Arqueológico de l'Almoina, inaugurado en 2007. El centro conserva elementos de arquitectura y cotidianos que datan de la fundación de la ciudad.

En los alrededores de la plaza de la Virgen encontramos numerosos restos de la época, pero ninguno forma parte de la muralla original.

La muralla islámica Del esplendor a la sobriedad

La época islámica está considerada la de mayor esplendor de la ciudad. En esas fechas se construyó la segunda muralla, ya mucho mayor que la anterior, y con una clara función militar. Se construyó a mediados del siglo XI por Abd al Aziz, nieto de Al Manzor, y fue ejemplo para otras construcciones de Al-Andalus.

Actualmente, los restos más destacables se reparten -principalmente- en el Barrio del Carmen. Lejos de ser guardados, la mayoría están expuestos en solares o integrados en edificios contemporáneos, pasando desapercibidos a ojos de la población.

El Portal de la Valldigna se construyó posteriormente para comunicar la muralla islámica y medieval, pero también está la Torre del Ángel (Plaza del Ángel), que se puede observar desde cuatro calles diferentes, o el lienzo del muro en la calle Salinas.

En la Galeria del Tossal se encuentra un bastión fortificado que protegía la Bab al-Hanax (la Puerta de la Culebra). Es una estructura de planta rectangular, construida en tapial de hormigón, con una robusta torre al frente. La puerta propiamente dicha quedaba hacia el sur, fuera de los límites de la cripta.

Arriba, la parte trasera de las Torres de Quart. Abajo, a la izquierda, el Portal de los Judíos, en Pintor Sorolla; a la derecha, los restos del MuVIM. / Á.G.D.

La muralla medieval El derribo que dio paso a la modernidad

La muralla medieval es la más conocida y visible por todo el mundo. De ella formaron parte dos de los grandes atractivos turísticos de la actual Valencia.: las torres de Quart y Serranos.

Fueron las dos puertas (de diez) que se salvaron del derribo de 1865 por su utilidad como cárceles.

Pero además de esos restos, en todo el subsuelo de la ronda interior de la ciudad se han ido encontrando numerosos fragmentos de la fortificación.

En el primer sótano del MuVIM (abierto al público) se encuentra la Torre Almohade, que se construyó en el periodo islámico pero que formó parte de la muralla cristiana. Quedó enterrada hasta que las obras para contruir la pinacoteca, a finales de la década de los 90, la descubrieron, quedando como una sala de exposición más.

En otro sótano de un museo, concretamente en el del IVAM, también se puede hallar un resto de grandes dimensiones. La muralla recorre toda la parte central de la Sala Pinazo.

Y a pesar de estar en pleno corazón de la ciudad, la Puerta de los Judíos (Plaza Pintor Sorolla) -descubierta al público las 24 horas del días- pasa desapercibida para los viandantes, que han convertido el monumento en lugar de encuentro y espera. Se descubrieron en la construcción de la estación de metro de Colón.

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